Viene de:
Segunda Parte
BOGOTA, 03/10/2009 (Humberto Robles):...
A esto hay que sumar la
masacre de Acteal, Chiapas, de 1997, donde perecieron 45 personas, la
mayoría de ellos niños y mujeres embarazadas. Con machetes y balas,
mientras oraban, fueron abatidas 14 niñas, 4 niños, 4 mujeres
embarazadas, otras 15 mujeres y 8 hombres. Ése fue el primer crimen, el
segundo ocurrió en agosto pasado cuando la Suprema Corte de Justicia de
la Nación decretó la libertad inmediata de una veintena de los
responsables de este crimen.
Y continúa la vergonzosa
lista: las masacres de El Charco, de Aguas Bancas y de El Bosque, así
como la matanza de el “Jueves de Corpus” o también conocido como el “halconazo”,
en 1971, y la matanza de estudiantes en Tlatelolco, ocurrido un día como
hoy, el 2 de octubre de 1968. Y un largo, larguísimo etcétera de
crímenes sin castigo.
Todos estos casos que he
mencionado permanecen en la impunidad, los responsables gozan de su
libertad, y con un gobierno como el actual, seguramente va a pasar
mucho, mucho tiempo para que se haga justicia a estos crímenes de lesa
humanidad.
Porque aunque México siga
promoviendo en el extranjero la imagen de defensor de derechos humanos,
y firme tratados y acuerdos internacionales, actualmente es el primero
en violarlos en su propio país. A esta incongruencia entre el discurso y
la realidad, Irene Khan, secretaria general de Amnistía Internacional,
en su pasada visita a México en 2007, la llamó “política
esquizofrénica”.
Por todo esto afirmo
categóricamente que en México reinan la corrupción y la impunidad. En
México se practica cotidianamente la tortura. En México se violan los
derechos humanos de lunes a domingo. En México se criminaliza la lucha
social. Porque son mas peligrosos los que luchan, que los que secuestran
o trafican drogas, menores de edad o personas. En México ser activista y
defensor de derechos humanos es vivir en peligro de muerte. En México se
matan mujeres por ser mujeres.
El caso
de los crímenes de los feminicidios en Ciudad Juárez y el resto de
México es una vergüenza nacional. La falta de acción, la indolencia y la
indiferencia evidencian el sexismo, machismo, misoginia, clasismo y
racismo del gobierno mexicano.
Ante este panorama, y en el marco de esta Cumbre Mundial
de la Paz, las preguntas que surgen inevitablemente son:
¿Qué hacer en un país cuyo gobierno que, lejos de
garantizar la paz de sus habitantes, la quebranta día con día?
¿Qué hacer si los responsables de conservar la
indispensable paz la violentan cotidianamente?
¿Qué hacer para acabar con la impunidad que fomenta el
gobierno mexicano y cómo poder alcanzar la elemental justicia?
El gobierno mexicano es un lobo con piel de oveja. Tras
la máscara, su rostro se asemeja más al de una dictadura que al de una
democracia. En México estamos gobernados por delincuentes y criminales.
¿Cómo hablar de “Cultura de Paz” si en México la justicia
es para unos cuantos y la impunidad es el cobijo de los poderosos?
Nosotras, nosotros, la sociedad civil y las
organizaciones no gubernamentales de derechos humanos buscamos la paz y
luchamos por ella día con día, anhelamos un país donde las niñas y las
mujeres puedan caminar tranquilas, ir a sus trabajos o escuela, y poder
volver de regreso a casa…
No queremos un estado policiaco ni al ejército en las
calles, no queremos que se burlen de nosotras, de nosotros al premiar a
nefastos individuos como Francisco Barrio Terrazas y Arturo Chávez
Chávez. No queremos que las mujeres sigan marchando vestidas de luto. No
queremos seguir pintando cruces con los nombres de las mujeres
asesinadas. No queremos vivir un tiempo de canallas. ¡Decimos: Basta!
¡Alto a la impunidad: ni una muerta más!
Deseamos la paz, pero el Estado mexicano no pone el menor
empeño en garantizar este derecho fundamental y es el primero en
violentarlo.
Actualmente en México, la única paz que existe, la única
paz que promueve el estado mexicano… es la paz de los sepulcros. La paz
de Felipe Calderón yace en los cementerios. Y a tres metros bajo
tierra, las niñas y mujeres asesinadas en Ciudad Juárez: Lilia
Alejandra, Alma Mireya, Brenda Berenice, Sagrario, Perla, Patricia, y el
resto de nuestros muertos, claman justicia. Solamente justicia.
Desde esta importante reunión, exhorto al gobierno
mexicano a que nos devuelva la paz. Nuestras Hijas de Regreso a Casa,
la sociedad civil, las organizaciones de derechos humanos, las mujeres y
hombres conscientes exigimos que cese la impunidad en torno a estos
asesinatos.
Aprovecho este foro para hacer un llamado a la comunidad
internacional para que juzguen, condenen y sancionen al estado mexicano
por el feminicidio que se extiende de Chihuahua hasta Chiapas.
Para finalizar, quiero compartir con ustedes un fragmento
del poema de Juan Ríos Cantú titulado ¿Hay un dios cerca de Juárez?:
“Juárez, qué se alce tu
voz hasta curarle a la justicia la sordera.
Qué se alce también tu
razón y tu cordura,
Que te regrese la calma.
Juárez, mi más sentido
pésame.
Si mis manos no hacen
nada
que lo haga mi palabra.
Qué regrese la hija, la
hermana y la madre
del trabajo a la casa cuando caiga la tarde.”
Humberto Robles
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