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Bhajans por Otelo
¡Oh! mi señor, cuidado con los
celos.
Son el monstruo
de ojos verdes
que se burla de la carne de la que se alimenta.
William Shakespeare
Click, clack, la lluvia que llega;
Click, clack, ya viene, ya viene;
Click, clack, Otelo, es Otelo
Tusitala
Ciudad de México, 20 de
febrero de 2009 (Texto © Agustin Villalpando / Enkidu Magazine; fotos ©
Enkidu Magazine): Para los tiempos de
Shakespeare, en los albores del siglo XVII, ya se percibía como “normal”
contar con un moro que fuese capitán. De hecho, ‘Un Capitano Moro’
es una obra que hubo sido escrita por
Giambattista
Giraldi Cinthio (ca
1565) y según dicen las malas lenguas, está basada en un hecho real
ocurrido en esa parte de la ahora Italia alrededor de 1508. En la
versión de Cinthio encontramos la historia del “Moro”, el “líder del escuadrón”, “el
insigne”, “la esposa del insigne” y Desdémona, quien es el único personaje que tiene un nombre. Si bien la historia
de Cinthio puede tener relación con el Otelo de Shakespeare, existe la
creencia de que, como no había disponible una traducción al inglés en
ese momento, el Bardo de Avon se inspiró, además de las tradiciones
orales, en las delegaciones provenientes de Marruecos que visitaban con
frecuencia la Corte de Isabel.
Sea como fuere, el Dr.
Alfredo Michel llega en este 2009 con una traducción albica y una
adaptación prístina del Otelo de Shakespeare, pletórica del espíritu isabelino pero con una
melodía perenne en castellano contemporáneo que, in crescendo, encrespa
el espíritu mediante el lenguaje y los diálogos empleados.
Bajo la dirección de la
Maestra Claudia Ríos, cuyo arte y destreza ya ha sido disfrutado por el
público en, por citar solo un ejemplo, la premiada
Lou la Sibila de
Heinberg, nos trae este Otelo de Shakespeare, ‘a la
Michel’, por medio de un alma que desborda el espacio teatral y llega
hasta el fondo de cada uno de los espectadores en este conflicto humano
retacado y siempre con la pátina del “monstruo de ojos verdes”. Somos
testigos, una vez más, de las desventuras de Otelo (Hernán Mendoza),
general moro en Venecia; Desdémona (Ana De la Reguera), su esposa; Casio
(Osvaldo de León), su lugarteniente; y el Insigne Yago (Carlos Corona).
Todo inicia con un bufón
(artilugio innecesario, pero respetable en esta puesta). Luego entra
Rodrigo (Luis Maggi), quejándose amargamente ante Yago porque Otelo y Desdémona se
han casado en secreto y Casio no le había dicho absolutamente nada.
Rodrigo ama a Desdémona, de hecho, ha pedido su mano al padre de la
doncella hermosa, el Senador Brabantio (Humberto Solórzano), quien le ha
respondido que no y este amor ciego será utilizado por Yago a lo largo
de esta jornada escénica.

Nos enteramos que Otelo se encuentra al
servicio de la República de Venecia, su fama y su fortuna están ligadas
a su destreza y habilidad en el arte de la guerra y también sabemos que al relatar sus
historias en casa del Senador Brabantio, la hija de éste, Desdémona,
hubo caído enamorada del moro. Cuando el Senador se entera de la
relación entrambos, dispone sus fuerzas para que el moro reciba un
castigo ejemplar por “embrujar” a su hija, pues no hay modo de que una
belleza como ella pueda enamorarse de un moro como él. Sin embargo, las
cosas se aclaran con urgencia porque hay situación de guerra provocada
por los ataques turcos a Chipre. El moro resulta nombrado Regidor de
ésta isla.
Por órdenes del Duque
(Alejandro Velis), Otelo deja Venecia, y es acompañado por su esposa,
Casio, el insigne Yago y la esposa de éste, Emilia (Cecilia Suárez),
quien funge como dama de compañía de la recién casada. Al llegar a la
isla, se enteran que una tempestad ha destruido la flota turca, por lo
que el nuevo Regidor ordena una celebración general.
Todo parece perfecto, la
felicidad eterna, la guerra abolida… hasta que Rodrigo, animado por Yago,
inicia una pelea con un Casio emborrachado.
Ante el escándalo todos se
despiertan y como consecuencia del incidente, Otelo retira el rango que
ostentaba Casio y se lo confiere a Yago. Casio, sobrio y afligido, es
persuadido por Yago a que acuda a Desdémona para interceder por él.
Inicia la caída de todos en la historia…
Yago, sigiloso, cauto,
maquiavélico, lleva
consigo la magia del arma más poderosa e importante del Universo conocido,
absolutamente masiva, la que es posible detener pero sólo si se actúa
con decisión y de inmediato, no dejando que siente raíces ni se
fortalezca con el tiempo: la palabra.
El Insigne Yago siembra palabras,
esparce en el moro una semillita apenas perceptible de duda sobre
Desdémona y Casio. Carlos Corona exuda una actuación sublime, con una
ferocidad contenida, como la astucia de un dragón para atrapar a sus
víctimas y con la atracción que las sirenas causan a los
marineros en alta mar. Tal podría ser la descripción del histrionismo de
Corona-Yago: Un ser sublime, aterrador porque cualquiera podemos
imaginarlo como alguno de nuestros mejores amigos, un ser humano como tú
o como yo en tanto representa lo más destacado en su estirpe: un ser
cuasi-perfecto; un usurpador de las verdades para generar
“su” verdad; un inocente que aunque se le pruebe lo contrario seguirá
siendo y clamando su inocencia.

Un pañuelo, el primer regalo
del moro a Desdémona, servirá como prueba ‘irrefutable’ de la relación
entre la esposa y el lugarteniente, ambos, irónicamente, fieles al
moro.
El pañuelo había sido
solicitado en numerosas veces por Yago a Emilia, a quien demandaba que
lo robara. Al encontrarlo ésta, porque se le ha caído a su ama y sin
saber las consecuencias de su acto, lo guarda y entrega a Yago, quien
logrará, una vez más, comprobar sus dichos con pruebas concretas.
Yago sabe que Casio está en
tratos con una prostituta, Bianca (Gabriela Pérez Negrete), por lo que
en el momento en que aquel sabe que éste regresa de un encuentro con su
amante, pide a Otelo esconderse y escuchar con atención la descripción
de lo que Casio ha hecho y sus planes con Desdémona. Casio habla, por
supuesto, de su relación con Bianca, pero de esto el moro nada sabrá y
quedará enredado, ineludiblemente, en la telaraña de Yago.

Entre tanto, Bianca se enoja
por el pañuelo que Casio le ha dado para “copiar el bordado”, por lo que
regaña a su amante y, en tanto, Otelo observa en manos de extraños este
primer regalo que había dado a quien hoy es su esposa, ahora en manos de
una prostituta. Sus sospechas han quedado borradas. Todo está claro: El
honor debe lavarse, y como tal, todo el amor que tenía por Desdémona ha
muerto.
El respetable puede observar
con todo detenimiento la transformación que logra Hernán
Mendoza para el personaje principal masculino, pues ante tus ojos, amig@
lector@ de Enkidu Magazine, eres testigo de cómo un general gallardo, un
líder sin aspavientos, se convierte en un hombre inseguro, un ser
despechado, un hombre que personifica al odio hasta que, finalmente,
destrozado y ajeno a su humanidad, parece un loco o un tonto que acaba de descubrir su error…
demasiado tarde. El carácter y sobre todo los cambios en la voz y
el lenguaje corporal que logra Mendoza son destacables, pues su
sonoridad hace eco de cada una de las artimañas de las que hace uso
Yago.
Si bien Yago convence a
Rodrigo de matar a Casio, último obstáculo para que obtenga a Desdémona
(asegura el Insigne), el tiro sale por la culata y, por supuesto que no
te voy a contar el final: ¡TIENES QUE VERLA!
En pleno siglo XXI el público
mexicano deseoso por encontrarse con la obra de William Shakespeare,
puede disfrutar, sufrir y volver a hacer suya esta obra del
Bardo, teniendo la
posibilidad única en México, gracias a Teatro UNAM, de revivir esta
tragedia.

Mención especial merece la
actuación sobresaliente de Ana de la Reguera, cuya voz y presencia
imprime inocencia en cada una de sus oraciones. La dulce de
Desdémona emana inocente candor y sencillez. Vemos cómo, incluso, se siente
culpable por el desdén de Otelo, sin saber a ciencia cierta el porqué ni
el cómo pero convencida de que algo malo ha debido haber hecho; ella llora y sufre
pero, lo más importante: es un personaje de esperanza para quienes hemos amado
(o estamos amando) alguna vez en nuestras vidas.
Al ver la obra recordé aquella frase en la
película “Four Weddings and a Funeral” (1994), cuando Gareth (Simon Callow) hace un brindis: “A toast
before we go into battle.
True love. In
whatever shape or form it may come. May we all in our dotage be proud to
say, "I was adored once too.”
[“Un brindis antes
de ir a la batalla. Por el amor verdadero. In cualesquiera forma o
manera pueda llegar. Que todos nosotros podamos decir en nuestra chochez
“Yo también fui adorado una vez”]. Desdémona ha amado y adora al
moro, ella fue adorada una vez.
Esta adoración, la entrega
toda, forma parte de la belleza interior de Desdémona, quien pudiese
haber sido una estrella del teatro o una belleza de la televisión, pero
en realidad la necesitaba ser una mujer cuya pasión interior pudiera ser
compartida por cada uno de quienes tuvimos el honor de ver a esta
compañía teatral, apasionada y comprometida con este ejemplo del teatro intemporal.

Además de la Dirección de la
Maestra Claudia Río y de la traducción y adaptación del Dr. Alfredo
Michel, la compañía contó con el entrenamiento vocal de Fidel Monroy; el
combate escénico estuvo a cargo de Max Flores; el entrenamiento corporal
fu de Harif Ovalle; el diseño sonoro –sobrio pero exacto– de Alejandro
Castaños; el diseño de vestuario, que parecía tornarse mil elementos
distintos y fue del todo armónico con las necesidades escénicas: Tolita
y María Figueroa (Sistema Nacional de Creadores de Arte FONCA);
asistente de vestuario: Jimena Trigos; realizadores de vestuario:
Catalina Padilla y Gaspar Salazar; escenografía (con una habilidad para
la transformación espacio-temporal impresionante): María Fernanda
Dibildox y Janet Maggi; construcción de escenografía Macedonio
Cervantes; pintura escénica del bien conocido Asunción Ramírez “Chon”
–que unos trazos nos muestra lo mismo Venecia que Chipre, la noche
infinita que la corte de la República de Venecia–; la iluminación, que
es cimiento propicio para el desarrollo sostenido de la obra: Matías
Gorlero; armero: Honorato Caballero; diseño gráfico: Eduardo Canto;
fotografía: Mariana Guevara; asistente de dirección: Eduardo Canto;
instalación eléctrica: Agustín Casillas. En esta supercoproducción de la
Dirección de Teatro UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes
(FONCA).
Por supuesto que al terminar
esta presentación intentamos ser raudos y veloces, pero con tantos
reporteros y reporteros gráficos (cantidad que no había visto desde
cuando fue el homenaje a Figueroa en la Cineteca Nacional donde María
Felix, literalmente, ordenó el silencio de los reporteros porque “yo voy a hablar y me
dejan hablar o me voy” y se hizo el silencio…) se nos fue la
Maestra Juliana Faesler y, con todo, pudimos conversar con la actriz Sandra Ponce y
con la Dra. Reyna Barrera, así como con la Maestra Claudia Ríos. Para
ti, amig@ lector@, las entrevistas de Enkidu Magazine:
Dr. Lars Ivar Owesen-Lein
Borge: ¿Qué les pareció la obra?
Sandra Ponce y la Dr. Reyna Barrera
nos comparten sus opiniones aquí.
Luego nos dirigimos a la
directora:
Dr. Lars Ivar Owesen-Lein
Borge, Director General & Coordinador Académico / Enkidu Magazine: ¿Cómo
te sientes ahora?
Maestra Claudia Ríos: Muy
contenta la verdad. En realidad estrenamos formalmente hasta el día 14
(de febrero) o sea que todavía hay muchas cosas que todavía tenemos que
mejorar...
La entrevista completa aquí.
Luego entonces, amig@ lector@ de Enkidu
Magazine, una obra que, con un intermedio, te dejará un sabor de boca
agridulce, pletórico de emoción interna... ¿te atreverás a verla?

No dejes de mandarnos tus comentarios de
la obra (que los jueves cuesta tan sólo $30.00 pesos mexicanos) a
info@enkidumagazine.com
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Teatro Juan
Ruiz de Alarcón
Centro Cultural Universitario
Insurgentes Sur # 3000
Metro Universidad ($2.00 pesos por boleto)
Metrobús CU ($5.00 pesos si encuentras abierta la estación)
Temporada del 14 de febrero al 7 de junio
8,12,13,14,15,27 de marzo; 9,10,11,12,26,30 de
abril; 1,10,15 de mayo no hay función
jueves 19:00 hrs.
viernes 19:00 hrs.
sábado 19:00 hrs.
domingo 18:00 hrs.
Jueves: $30.00
de viernes a domingo:
$140.00 |
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