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CIUDAD DE MEXICO, NewYorkTimes, Julio Frenk (*), 1° de mayo de 2009
(Traducción al castellano © Agustin Villalpando / Enkidu Magazine): Cada
año, aproximadamente 10 mil mexicanos mueren por los efectos de la
influenza de temporada. Usualmente son las personas de edad avanzada y
los muy jóvenes, gente cuyos sistemas inmunes no son lo suficientemente
robustos para combatir el virus. Pero este año ha sido distinto. El
sistema de vigilancia de enfermedades de México, una red de más de
11,000 hospitales, clínicas y consultorios de doctores, encontró una
tendencia menor pero preocupante en abril. Por todo este país de 110
millones de personas, algunos adultos jóvenes habían muerto, en
apariencia, por influenza. Una investigación inmediata llevó, dentro de
algunas semanas agitadas, al aislamiento y secuencia genética completa
del microbio que causa la enfermedad. El peor temor de los expertos
fueron confirmados: se trataba de un tipo nuevo de virus de influenza.
Algunos se han quejado porque el gobierno mexicano no actuó rápidez
suficiente para identificar este microbio nuevo y dar la señal de
alarma. Pero tal crítica no considera la complejidad, en la vida real,
para reconocer y responder a una emergencia de salud pública inesperada.
Como ex-ministro de salud de México, me reuní con funcionarios mexicanos
esta semana para consultar con ellos sobre su respuesta a la influenza y
me impresionó la forma en que los científicos médicos en el país
percibieron, con rapidez, la tendencia inusual de enfermedad en contra
de un antecedente de influenza estándard, luego analizaron el virus y
alertaron a las autoridades de salud globales. Su acción rápida dio a
otros países la advertencia que necesitaban para buscar el virus nuevo,
por lo que casos de la influenza A ya han sido descubiertos en docenas
de países —casos que, de otro modo, habría pasado mucho tiempo en que
fueran reconocidos—.
El número de muertes confirmadas en México como consecuencia de este
virus nuevo aún es incierto y podría variar mucho [may be only several
score]. Un trabajo de detectives epidemiológicos queda por hacer y nos
dirá si el virus había estado circulando por todo el periodo estacional
de influenza en México, comenzando tan anticipadamente como el otoño
pasado, causando que miles sólo estuvieran ligeramente enfermos y sólo
alertándonos acerca de su presencia por medio de las muertes de adultos
jóvenes.
Desde el momento en que esta así llamada influenza porcina [swine flu]
fue identificada, el gobierno mexicano trabajó con vigor para contener
el contagio —cerrando todas las escuelas del país, limitando las
reuniones públicas e instruyendo a la gente a utilizar cubrebocas y
abstenerse de dar saludos por medio del contacto físico. El Presidente
Felipe Calderón mismo encabezó la respuesta, subrayando la seriedad de
la situación y eso podría explicar porqué tantos mexicanos han cumplido
[con las medidas, N/E]. Parece que el número de muertes ya se
estabiliza, tal vez indicando que la primera ola de esta influenza ha
alcanzado su punto más alto.
Aún se desconoce el porqué esta influenza parece haber sido mortal sólo
en México. Parece apuntar a que durante toda la temporada de influenza
invernal, los doctores mexicanos, desconociendo que un virus nuevo
estaba en marcha, no percibieron ningún caso de ello durante la
temporada ordinaria de influenza y, de ese modo, no dieron a los
pacientes medicamentos antivirales que pudieron haber salvado sus vidas.
Estos medicamentos son efectivos sólo si se administran dentro de las 48
horas del comienzo de los síntomas.
Como muchos otros países, México había estado preparándose para un brote
como este. La epidemia mortal de SARS en 2003 y el brote de influenza
aviar de 2005 enseñaron al mundo que debía esperar que otro agente
microbiano proveniente de animales otro día infectaría humanos. Durante
últimos los seis años, México reforzó sus sistemas de vigilancia de
enfermedades, estableció laboratorios de salud pública, cooperó en las
redes internacionales en desarrollo para compartir información y
concepción de planes de respuesta [devised response plans]. Al mismo
tiempo, la comunidad internacional estaba almacenando reservas de drogas
antivirales y los científicos mejoraron su habilidad para entender virus
nuevos. Lo que es más importante, las Regulaciones Internacionales de
Salud de la Organización Mundial de la Salud fueron escritas para hacer
responsables a los países del monitoreo de brotes de enfermedades,
informando públicamente toda la información y cooperando con otros
países.
Desde los 1980's, México ha estado fortaleciendo su servicio de
inteligencia epidemiológica, en cooperación con los Centros de Control y
Prevención de Enfermedades [Centers for Disease Control and Prevention]
de Estados Unidos. Cientos de doctores mexicanos y otros profesionales
de la salud han recibido una capacitación avanzada en epidemiología. En
los años recientes, México ha trabajado con Canadá, Japón, Estados
Unidos y numerosos países europeos para establecer el Grupo Global de
Acción de Seguridad de la Salud [Global Health Security Action Group],
una red estrecha de comunicaciones de salud pública. Desconocida para la
mayoría de las personas, un ejército de epidemiologistaas opera durante
todo el día para defendernos contra las amenazas microbianas. Averiguar
si este sistema podría haber funcionado con mayor rapidez en el brote
reciente puede ser examinado posteriormente, por ahora, debemos seguir
adelante con los conocimientos que tenemos a la mano.
No tenemos mucho tiempo. Los virus son sensibles a los cambios de
temperatura de las estaciones y esta, como la infuenza de 1918, podría
volver a aparecer más fuerte en el otoño. Es apremiante determinar, por
medio de exámenes de sangre, el número verdadero de casos de Gripe A
alrededor del mundo, tanto moderados como severos. Además, se necesita
establecer una curva epidémica acertada [sound epidemic curve], que
revelaría cómo el virus llega a su apogeo desde los casos iniciales y
hacer posible cuantificar su transmisión. Y mientras esperamos incluso
hasta seis meses para que esté lista una vacuna,necesitamos determinar
las mejores estrategias de tratamiento.
Tristemente, toma un grupo de muertes para alertar al mundo en el
sentido de que los humanos estamos, una vez más, bajo ataque, y que
necesitamos formar nuestras fuerzas científicas. Esto es, como debe ser,
un reto global. Con la cooperación internacional, tenemos razones para
esperar que las muertes serán pocas en este brote de lo que fueron en el
último y menos aún cuando el siguiente virus, inevitablemente, surga.
(*) Julio Frenk fue Ministro de Salud de México (2000-2006); es decano
de la Escuela de Salud Pública de Harvard.
Published: April 30, 2009
» A version of this article appeared in print on May 1, 2009, on page
A23 of the New York edition.
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