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Dirección y guión:
Jessica Hausner
Intérpretes:
Sylvie Testud,
Léa Seydoux,
Bruno Todeschini,
Gilette Barbier
Con una puesta en escena sobria, fría, casi gélida -a base de tomas
largas y planos secuencia- Jessica Hausner se adentra en “Lourdes” en
uno de los fenómenos más curiosos de nuestro tiempo: las peregrinaciones
a lugares religiosos en busca de curación. Hausner huye con inteligencia
de la sátira buñuelesca para instalarse con astucia en el terreno de la
ambigüedad, la desazón y la ironía fina. “Lourdes” es la historia de
Christine (Sylvie Testud, espléndida de principio a fin) una joven que
viaja al célebre santuario buscando más bien compañía y contacto humano
que milagrosa sanación.
La
realizadora nos introduce, con un tono semidocumental, en los rituales
de un lugar sagrado que se ha convertido también en una suerte de parque
temático. La música sacra acompaña toda la primera parte del filme que
nos describe con morosidad un mundillo hecho de falsas esperanzas,
hipocresía, temor y resentimiento. Algunos chistes –como los ligues
entre los voluntarios y las enfermeras- son algo redundantes, pero la
realizadora parece necesitar impregnarse de cierta credulidad y
misticismo para poner en evidencia lo desolador de su mensaje.
Podemos achacarle a su filme falta de interés -para los que no comulguen
con el tema-, falta de ritmo -para los que esperen una comedia negra- o
falta de intensidad -para los que busquen un melodrama edificante-,
pero la intención de “Lourdes” es sembrar más interrogantes que
respuestas.
El
filme trata de crear una extraña sensación de malestar en un espectador
que también puede esbozar una sonrisa cuando la espectacular curación de
la protagonista siembra el desconcierto, la maledicencia y la envidia.
Nos encontramos, pues, con una peculiar y atípica fabula moral sobre la
injusticia divina y la mezquindad humana apoyada en la mirada intensa
de su protagonista.
El
despertar al movimiento de Christine parece una caricatura amarga del
inmovilismo de una institución que ha hecho del dolor un negocio y que,
como vemos hoy más que nunca, no sabe responder de sus propias
flaquezas ni dar salida a sus propios interrogantes.
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