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Director: Lu Yan
Guión: Lu Yan
Intérpretes: Ye Liu, Yuanyuan Gao, Hideo Nakaizumi, Wei Fan.
BURGOS, 14/04/2010 (© Eduardo Nabal / Enkidu Magazine): El último filme
del realizador chino Lu Yang es uno de los más duros y vigorosos
alegatos antibelicistas que nos ha dado el cine reciente. Rodada en un
contrastado blanco y negro, “Ciudad de vida y muerte” (City of Life
and Death - Nanking Nanking) narra el sitio
japonés de la ciudad china de Nanking centrándose en las secuelas
humanas de la guerra y en el destino de los vencidos.
Así, tras las secuencias de acción y
violencia del comienzo asistimos a un desarrollo aún más estremecedor:
una serie de cuadros en los que jóvenes soldados ejecutan a prisioneros,
violan a mujeres, arrasan hospitales y juegan a ser diosecillos en una
urbe convertida en una columna de horror, humo y lágrimas.
El blanco y negro de la estremecedora
opera social de Yan nos evita la visión de la sangre, pero no amortigua
la impresión de dolor y desolación que deja un filme donde se alterna la
matanza colectiva con el drama de unos pocos personajes que creen poder
salir con vida por encontrarse bajo la dudosa protección de un anciano
nazi. Es tal vez en las secuencias intimistas donde Yan se maneja peor,
porque a pesar de su esmerada puesta en escena, el filme acaba cayendo
en el tremendismo, la metáfora y el melodrama.
La cámara serpentea por las callejuelas,
las ruinas y los interiores de un lugar convertido en un campo de
exterminio donde nunca sabemos quién va a ser el siguiente en caer
acribillado. El realizador juega con cierta inteligencia con los
contrastes, mostrándonos cómo esas maquinas humanas de matar se
comportan como niños asustados o bestias sin cerebro cuando deben
enfrentarse al sexo, a los signos de otra cultura o las consecuencias de
sus actos.
Eludiendo la trampa de embellecer el
horror, pero acompañada con una música, escenarios y tonalidades
visuales que nos recuerdan imágenes del cine de Kurosawa, Bergman o
Pasolini, “Ciudad de vida y muerte” tiene pocos protagonistas ya que el
eje absoluto del filme es la agonía de una ciudad.
El desprecio a la vida, el miedo a la
muerte y la alegoría sobre los conflictos que aún sacuden el mundo
contemporáneo son las grandes bazas de un filme rodado con nervio y que
nos muestra- sin escatimar detalle- los efectos humanos de la lucha
entre las naciones y la estupidez intrínseca del imperialismo.
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