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PARIS, NYTimes, Ann M. Morrison, 19/07/2010 (Traducción al castellano ©
Agustin Villalpando / Enkidu Magazine): Con frecuencia observo a una
mujer de edad avanzada en mi vecindario de París que sale tan fresca a
la calle con su propia melodía imaginaria, mostrando una sonrisa apenas
demente a todos los que pasan frente a ella. En cualquier otro lado
habría cruzado la calle para evitarla. Pero ella siempre lleva ropa que
hace juego, tal vez un poquitín excéntrica —como la falta con impresos
rojos, la chaqueta de punto suelta y un sombrero escarlata que usaba uno
de estos días de primavera — pero cuenta con gran actitud y el resultado
final es maravilloso.
Es un hecho que ella ama ser ella misma. Ella me hace pensar que en
Francia las mujeres pueden olvidarse de todo mientras envejecen —todo
menos su concepto de estilo—.
Si hay un secreto para envejecer bien, las francesas deben conocerlo. Al
menos eso es lo que las estadounidenses piensan. Puedes ver a actrices
como Juliette Binoche, de 46 años de edad, o políticas como Ségolène
Royal, de 56 años, o superestrellas como Catherine Deneuve, de 66, y te
imaginas que ellas deben tener secretos especiales sobre el proceso de
"maduración" [“maturation”].
E incluso la francesa promedio —digamos, al hacer compras en la Rue du
Faubourg St.-Honoré o disfrutando de una comida plácida en el Banco
Izquierdo, o paseando por los Jardines de Luxemburgo—parece desafiar la
noción de que mientras una envejece una tendría que disimular el proceso
con Botox, levantándose los ojos [eyes-lifts], relleno de labios y todos
los tipos de procedimientos que expresan un look "juvenil", o tal vez
sólo darse por vencidas y permitir que los estragos del tiempo se hagan
cargo.
Pero, ¿estas mujeres verdaderamente tienen las respuestas cuando se
trata del proceso de envejecimiento?
Las mujeres en ambos lados del Atlántico se dan cuenta de que las claves
de envejecer bien son obvias, pero son un reto cuando se trata de genes
malos; cuando se pasa demasiado tiempo en el sol; o cuando se fuma
mucho. Pero mientras que las mujeres estadounidenses, al menos como yo,
se acercan al cuidado personal con una eficiencia práctica, las mujeres
francesas que conozco consideran que consentir la piel, el cabello y el
cuerpo como un proceso disfrutable, un ritual gratificante.
Verse atractiva, a cualquier edad, es lo único que hacen las francesas,
en especial las urbanas. Para las parisinas, mantener su imagen es algo
tan natural como hacer un nudo perfecto en el pañuelo o vestir zapatos
con tacón de aguja en calles de adoquín. La belleza es una tradición que
se comunica de generación en generación. "Mi abuela siempre me dijo,
'Nunca te descuides, ni siquiera en los detalles más nimios'," me dijo
mi amiga Françoise Augier, con un gesto de la mano que cubrió de su
cabeza a los dedos de los pies. Leslie Caron, actriz francesa, aún se ve
al estilo de Gigi a los 79, me dijo que el refrán favorito de su madre
es: "La piel de las mujeres es demasiado bella para ir desnuda."
No quiero decir con esto que las adolescentes francesas hagan mas caso a
los consejos de sus madres que las estadounidenses. Mi esteticista del
vecindario, Martine, se preocupa porque tantas clientas mujeres (de 12
años y mayores) salen a la calle sin loción de protección solar. Tal vez
no debería preocuparse. Una investigación de la compañía de estudios de
mercado Mintel encontró que 33 por ciento de francesas de entre 15 y 19
años de edad utilizan cremas anti-edad y anti-arrugas.
Aunque los franceses están claramente interesados —ellos se comen a las
mujeres con los ojos, sin aspavientos, en las calles— la belleza es un
tópico femenino. Cuando, durante la cena, pregunté a una abuela de tres
cómo le hace para mantenerse joven, ella desvió mi pregunta al decir,
"Yo jamás discuto estas cosas en frente de mi marido."
La respuesta número uno a mi investigación informal entre mujeres
francesas sobre cómo envejecer mágicamente es no ganar peso. Si una
francesa ve un kilo o dos adicionales en su báscula del baño, ella hará
todo lo posible para forzar a la aguja de regreso a donde pertenece. "Yo
mantengo mi peso de manera continua, sin altibajos," dijo Caron. "Yo
evito todos los excesos". Ella clama que come todo tipo de comida en
pequeñas porciones —sus amigos dicen que en proporciones minúsculas— y
ells no bebe alcohol. No es tanto que "Las francesas no engordan" [“French
Women Don’t Get Fat”], como se titula el best seller de Mireille
Guiliano. En lugar de esto, las francesas no obtienen grasa.
No es que ellas hagan ejercicio. Cuando mi esposo y yo llegamos a París
y preguntamos a nuestra banquera personal —todos tienen uno— por una
sugerencia de gimnasio, su respuesta fue: "¿Por qué? Los gimnasios son
una forma de tortura". Parece que sólo es aceptable, para quemar
calorías, caminar.
Si las francesas no caminan lo suficiente para mantenerse en forma,
siempre hay una píldora, una loción, una máquina o un tratamiento para
hacer el truco. Las farmacias cuentan con mostradores llenos de dietas y
de remedios que mejoran la figura. Una crema promete "acelerar la
reducción en áreas resistentes a la dieta" (caderas, muslos y nalgas).
Las cápsulas aseguran un estómago plano en cuatro semanas. Un póster
recientemente colocado en todas las estaciones del Metro de París
promocionaba un pequeño cinturón Slendertone “Electronic Muscle
Stimulation” [Estimulación Muscular Electrónica] que asegura que provee,
una sola sesión, el equivalente a 120 abdominales (También está
disponible en Estados Unidos).
Las francesas también recomiendan faciales, masajes y curas de spa en su
campaña contra las arrugas, la celulitis y traseros, estómagos y pechos
caídos. Un spa favorito es thalassotherapy, el tratamiento que tiene
como base agua de mar que se originó en Francia. Tiene que ver con
chorros de agua, envolverse en algas marinas y la inhalación de neblina
marina para mejorar la circulación, promover el sueño, dar tono a los
músculos y reducir la celulitis. Algunas mujeres cuentan con los
recursos suficientes —o tienen razones médicas razonables, como la
artritis— a fin de obtener recetas médicas para pasar semanas en su spa
favorito. Eso significa que el seguro de salud del gobierno pagará la
mayoría de la cuenta.
En cuanto al maquillaje, las mujeres francesas de casi cualquier edad (a
excepción de esas adolescentes) consideran que menos es mejor. Un
maquillaje base muy pesado tiene una tendencia a enfatizar las arrugas y
los poros y la mayoría de mujeres lo evitan a favor de un poco de rubor.
Aquellas que utilizan base se aseguran que armonice con la piel, con
frecuencia al aplicarlo justo después de una crema hidratante. La idea
es verse tan natural como sea posible, un poco de color en los párpados,
mascara, tal vez un poco de delineador y brillo labial.
Por supuesto que es fácil verse natural si tu piel es maravillosa. Y ahí
es donde puede estar el verdadero secreto francés. Acorde con un informe
de Mintel de 2008,las francesas gastan alrededor de $2.2 mil millones al
año en el cuidado de la piel facial —tanto como las mujeres españolas,
alemanas y británicas juntas—. Si se te ocurre utilizar el baño en un
hogar francés —algo que es considerado poco educado, por cierto— podrás
ver una línea de productos de cuidado para la piel que rivalizaría con
un anaquel en Duane Reade.
Encontrarás cremas de día (con filtro solar), cremas de noche (sin
bronceador), cremas de reducción de pulpa [re-pulping creams], sueros,
cremas hidratantes, cremas limpiadoras, tonificantes y bálsamos de piel
de naranja para las venas varicosas. Pero no encontrarás mucho jabón.
Caron afirma que ella no lo utiliza en su cara o su cuerpo (excepto por
"ciertos lugares"). La revista Madame Figaro recientemente citó a
la actriz y presentadora francesa Léa Drucker diciendo, "El día que dejé
de usar jabón, mi vida cambió". La post-transformación, ella utiliza una
crema hidratante.
Como en Estados Unidos, algunas mujeres en Francia acuden al dermatólogo
para cuidar de su piel, sus visitas, es probable, será pagada por su
seguro de salud. Incluso el sistema de salud francés, que es muy
generoso, no paga por Botox, colágeno o inyecciones de hyaluronan, ni
por el "lifting" u otras cirugías cosméticas.
Eso no impide que las francesas se "hagan algo".
El objetivo de la cirugía plástica, en Francia, acorde con el Dr. Michel
Soussaline, un cirujano de París con más de 30 años de experiencia, es
"mantener la belleza natural y el encanto de cada mujer en lo
individual, no lograr el idea de belleza del momento." Después de todo,
las tendencias cambian. En Estados Unidos, asegura él, las mujeres
gastan mucho dinero en face-lifts desean exhibir su inversión. (Tal vez
eso explique los labios hinchados y las mejillas lisas de la actriz
estadounidense Ellen Barkin de 56 años de edad, al mostrarse
recientemente en la alfombra roja de Cannes).
En contraste, las francesas prefieren resultados que se ven tan
naturales como sea posible. (Las fotos de Cannes de Isabelle Huppert, de
57 años, muestran un envejecimiento elegante, sin realces). En Francia
sólo una de mis amigas han confesado haber tenido una cirugía, una
operación discreta para fortalecer un mentón caído y un cuello fofo.
Ella está contentísima con el resultado: nadie se da cuenta.
Los rituales del cabello llegan en dos tipos: deshacerse de lo indeseado
de las piernas y las axilas (las mujeres mayores tienden a preferir las
depilaciones) y hacerse lo más que se pueda sobre la cabeza. Eso
significa un buen corte cada tres o cuatro semanas y un color
razonablemente natural. Una plétora de salones de belleza (50 de ellos
en mi vecindario [arrondissement]) y en su mayoría precios bajos (tan
bajo como 18 euros) por corte, champú y secado a mano. Las francesas
utilizan acondicionadores y otros tratamientos post-champú, seguido de
un enjuague en agua fría. "ayuda a la circulación," dijo una amiga.
Por supuesto que toda la idea de que las francesas envejecen mejor que
las estadounidenses es debatible. La tasa de obesidad en Francia está
aumentando, aunque todavía se encuentra mucho más abajo que en Estados
Unidos. Y no todas las estrellas de cine ni políticas se mantienen
siempre jóvenes. La sex-symbol de mediados del siglo pasado, Brigitte
Bardot, ahora de 75 años, es gris, arrugada y con sobrepeso. Marine
Aubry, la líder regordeta del Partido Socialista Francés de casi 60
años, no es conocida por su sentido del estilo. Y cuando se le pidió a
Katie Breen, una francesa que es ex-editora en la revista Marie Claire,
que nombrara a una mujer que había envejecido particularmente bien, su
respuesta fue decididamente no francesa: Meryl Streep.
Para las francesas, envejecer parece ser un asunto de la mente sobre el
maquillaje [a matter of mind over makeup]. Si las mujeres se sienten
bien sobre sí mismas, justo hasta sus pantimedias La Perla de 100 euros,
ellas se ven bien también. Françoise Sagan una vez escribió: "Existe una
edad donde una mujer debe ser hermosa para ser amada y luego viene un
momento en que ella debe ser amada para ser hermosa" [“There is a
certain age when a woman must be beautiful to be loved, and then there
comes a time when she must be loved to be beautiful”]. Y muchas
francesas parecen estar bien amadas cuando envejecen —por sus familias
muy unidas, sus amigos y, tal vez más importante, ellas mismas. El mejor
ejemplo es mi vecina chiflada: completamente coordinada, con un
maquillaje perfecto; ella es meticulosamente francesa.
A version of this article appeared in print on July 15, 2010, on page E1
of the New York edition.
Published: July 14, 2010
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