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Ciudad de México,
12/11/2010 (Texto y fotos © Agustin Villalpando/Enkidu Magazine): Imam
Hussein ibn Ali ibn Abi Talib (en árabe:
حسين
بن
علي
بن
أﺑﻲ
طالب),
nace en 626 y es asesinado y decapitado en
680. Se trata de una figura importante en la historia del Islam: es el
nieto del Profeta; es, además, “Mártir de mártires” porque combatió la
tiranía de los Umayyads a fin de reinstalar una política
“verdaderamente” islámica. Sin embargo, en la Batalla de Karbalá (680),
es muerto y decapitado por Shimr Ibn Thil-Jawshan. Hussein muere por ser
honesto con sus ideales y con sí mismo.
En nuestros días, el
aniversario de su martirio es llamado ‘Āshūrā ("décimo" día de Muharram)
y es un día de luto para los musulmanes chiitas.
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La obra empieza
con una plegaria en voz masculina. Al fondo, el escenario
muestra imágenes en árabe que incluyen la Meca.
En la penumbra
observamos a dos mujeres que visten el chador negro.
Obscuro. |
Al regresar la luz
vemos a una mujer joven que se retira el chador y luego el hiyab para
irse a la cama; ahora duerme.
En tanto, otra mujer
trae una bandeja con lo que suponemos es el desayuno. Se trata de Zeineb
(Beatriz Luna), tía de Sekina (Daniela Flores Serrano), -quien está
enferma al principio, al medio y al final de la obra-, desea enseñar
todo lo que sabe a su sobrina. Sin embargo, Sekina es joven y no desea
continuar con los lastres del pasado, no desea cargar con los muertos.
Ella quiere, en cambio, vivir su propia vida.
Sin embargo, la tía le
recuerda su deber, su pasado y su obligación para con su pueblo. La tía
dice a la joven “Te voy a enseñar cómo se limpia un muerto”. Y aunque en
el decurso de la obra la sobrina no sigue los pasos que le mostró la
tía, porque no atraganta el cuerpo inerte, ni dirige los pies inertes
hacia la Meca, parece seguir el rito de la limpieza.
El deber de ambas es
conservar la memoria y por ello deberán continuar en un diálogo sordo,
donde cada monólogo va, apenas, entrelazándose.
Nos enteramos de la
historia de la tía, quien estuvo en la lucha junto con Hussein ibn Ali,
ellos decidieron luchar, incluso hasta la muerte. Su faena en el
desierto suena casi mítica, pues sus enemigos esperaban, pacientes, a
que la sed les entregara a sus armas.
“El cuerpo tiene que
limpiarse tres veces…”, señala Zeineb.
“La primera es con agua
simple”
“La segunda con agua
simple y flor de loto”
La joven, desnuda, hace
el papel del difunto mientras la tía, paciente, limpia y platica sobre
sus cosas: Hussein fue nieto del Profeta, tuvo seguidores y “quienes le
acompañábamos… sabíamos que íbamos a morir”.
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Sekina intenta revelarse,
manifiesta su deseo por ser libre. Sekina se rehúsa a continuar
con la violencia. La tía habla de venganza y revela lo que la
joven desconoce. |
Zeineb, cuando ve que
Sekina duda al extremo dice a la joven el secreto que tenía guardado
desde siempre: Hussein fue su padre. Asegura que cuando los atacaron
mataron a los hombres y violaron a las mujeres. También dice que el
enemigo le dio a escoger a Hussein uno solo de sus hijos para que
sobreviviera e hiciera referencia sobre lo ocurrido. Zeineb dice que él,
el Mártir de mártires la eligió a ella, a Sekina.
“Mataron a tu padre”,
refiere la vieja.
“La última vez es con
alcanfor”, está por terminar la enseñanza de Zeineb a Sekina.
“Alguien debe pagar…
alguien debe pagar por nuestro dolor”, dice la tía. La sobrina aún
responde: “pero nadie puede pagar. Ya no hay nada que pagar. Yo no
quiero ser Hussein, voy a ser yo”.
Sin embargo, Zeineb
subraya que la joven es portadora de la memoria de “todo un pueblo” y su
deber está escrito… a menos, claro, que “se haya equivocado… pero no
dude un segundo”, al haber elegido a Sekina para sobrevivir.
Una obra de teatro
digna de verse aunque es de carácter casi universal. Un poco demasiado
uso de imágenes al fondo y con actuaciones firmes pero carentes de
textura. El carácter universal, digno para ahondar en la reflexión sobre
los extremismos que vive el mundo contemporáneo, es socavado por el
propio autor cuando, de manera inesperada, casi irónica (¿o con humor?)
se proyectan imágenes sobre la leyenda negra de la conquista, donde los
“pobres”, “inocentes”, pueblos indígenas son aniquilados por los 200
españoles a caballo, como si la presencia de las más de 50 naciones
originales no existiera aún en nuestros y fueran 200 españoles a caballo
quienes hubiesen terminado con todos los pueblos.
Sekina es entonces es
metamorfoseada a una Malinche-musulmana que deberá continuar siendo ama
de sí misma pero esclava de sus circunstancias. Una vuelta de tuerca
innecesaria, artificiosa y que retira la intensidad a una obra dramática
que puede lograr mucho para todos los pueblos del mundo y no sólo para
la promoción de fiestas y celebraciones de un presente que no es
precisamente “mejor” ni más “desarrollado”. O, en todo caso, centrar la
atención en el conflicto interno entre los pueblos mexicanos
contemporáneos, los silenciados en estos días de celebración: son
únicamente más de 50 lenguas las que millones de “mexicanos” deben
luchar con los propios “mexicanos” para conservar su memoria pese a
estos bi-Centenarios-días.
Es en este contexto que
el Maestro Felipe Cervera pudo retratar dos personajes igualmente
históricos: Zeineb bint Ali, hermana de Hussein y Sekina Bint Hussein,
hija del Mártir de Mártires, pero sin volverlas “mexicanas”, por favor.
La obra termina con una
plegaria en voz masculina. Sekina se ha vestido con el chador negro y
parece continuará preservando la sed de venganza... la tragedia es de
Sekina.
Cabe destacar que “La
tragedia del Imam Hussein”, se estrenó en el marco de la V Muestra de
Artes Escénicas de la Ciudad de México y vimos el estreno en el Teatro
Benito Juárez de la capital del país.
Agradecemos al Sistema de Teatros del Distrito Federal, en particular a
la Maestra Nina Serratos Zavala y a la Maestra Sandra Narváez por las
facilidades otorgadas a este medio.
La tragedia del Imam Hussein
Idea original y dirección: Felipe Cervera
Dramaturgia: Ana Mata
Producción ejecutiva: David Psalmon
Diseño espacial y videoarte: Daniel Ruiz
Primo
Diseño de iluminación: Sergio Felipe López
Vigueras
Diseño de vestuario, imagen y asistencia de
dirección: Aura Gómez Arreola
Música original y diseño sonoro: Daniel
Hidalgo / Voz: Kaveh Parmas
Asistente de videoarte: Lorena de la Parra
Fotografía: Jan Suter
Construcción de escenografía: Delfino Rojas
Realización de vestuario: Carmita Soria
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