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CIUDAD DE MEXICO,
26/04/2010 (Texto y fotos © Agustin Villalpando / Enkidu Magazine): Como
cada año, Tito Vasconcelos trae al escenario mexicano una versión
contemporánea, actualizada, de una tradición ansiada por quienes
gustamos del teatro de cabaret: La pasión según Tito. En su
versión 2010 el escenario fue el CabareTito Neon, en la Zona Rosa de la
capital de la república, donde además del primer actor, contamos con el
talento de Andrés Carreño, Minerva Valenzuela y Blanca Loaria.

Extrañamos un poco,
debo mencionar, que no se mencionaran los tres tipos de teatro
religioso, evangelizador, tal vez como preguntas al público, de los
cuales se ha perdido el mariano y quedan las pastorelas y la pasión.
También echamos de menos la mención de los evangelios apócrifos, pues
esta información es importante para que los presentes no se queden con
la idea de que lo dicho ahí está basado en las fantasías de un grupo de
personas ajenas al conocimiento “real”, si tal existe, que se relata
desde hace, al menos, dos mil años.

Sin grandes
pretensiones escénicas y contando con la fuerza interpretativa de los
actores, los personajes de la historia desvelan algunos de los misterios
alrededor de uno de los personajes más controvertidos: Jesús.
Se aborda un poco el
carácter que debió tener cuando niño, así como sus capacidades para
realizar milagros. Sin embargo, l@s seguidor@s, parientes y amig@s de la
celebridad buscan, en alguna forma, su beneficio inmediato. A veces,
Jesús accede, como cuando, en la boda de Canaán, vuelve el agua en vino.
O cuando vuelve a la vida a “Lázaro”, aunque aquí conocemos la verdadera
identidad del susodicho muerto.
Momentos memorables que
han sido representados con antelación son, como la Pasión de Iztapalapa,
un acto anual que reúne a quienes, en este caso, se muestran críticos de
la comercialización de Jesús y de su legado. Entrevistas, venta de
recuerditos, velas y hasta imágenes, todas ellas “oficiales”, por
supuesto, para evitar la piratería –suponemos-.

Chistes que siempre
quedan como el mencionar que el mote de los apóstoles es en realidad
“apuéstales”, porque los seguidores de Jesús más que apóstoles
“apostaban” antes de que sucedieran los milagros. Así como la clara
alusión a que Jesús sólo se rodeaba de hombres, hasta que llegó María
Magdalera.
Un acierto ha sido
siempre el uso de la música así como el hecho de que los intérpretes
cantan en vivo, lo que permite un mayor acercamiento con el público. Una
obra que conviene ver y volver ver para degustar, año con año, la
actualidad de esta obra crítica de la comercialización del culto a una
figura que, en principio, dio su vida por ir en contra de las
convenciones rígidas de su (¿nuestro?) tiempo.

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