“Culpa en el corazón, tragedia por la
mente, mi cuerpo extasiado no puede detenerse. Si pienso como se
debe no sentiría esto, como un maldito perro la razón yo pierdo… Con
fría ingratitud todo lo que deseo es tenerte; si es pecado en los
infiernos habré de perderme; si es angustia, derrocharé la cordura y
el suicidio calmara mi suerte”. EA
CIUDAD DE MEXICO, 09/02/2011 (Texto ©
Eduardo Franco/Enkidu Magazine; Fotos © EA & AVS/ Enkidu Magazine): ¿Será
soberbio de mi parte iniciar con un fragmento de texto escrito por mí
años atrás?

Esta vez así lo hago por dos razones. Mi infinita
gratitud a José Zorrilla, por sus poemas dramáticos y, mi admiración
hacia ese corazón lleno de intensidad que transmite pasiones, de todo
tipo, ese personaje que me ha marcado durante mucho tiempo y hoy lo veo
recreado en una esencia femenina de gran presencia y de "cascos
ligeros", dirían algunos: Juana Tenorio (1965), de Rafael Trujillo
Herrera, obra perfectamente estructurada, escrita en verso, que rompe el
modelo clásico del texto original y aborda temas, contextos y conflictos
actuales que como seres humanos nos afectan y reflejan: La búsqueda
eterna del amor en perfecto equilibrio de
cuerpo y alma.
Mucho tiempo filósofos, artistas, creadores, humanos… han
explicado e intentado entender el hecho de amar y ser amados. Lo cierto
es que todos nos hemos cuestionado el amor y las historias y si algo
pasado está en el presente y si el conflicto es el mismo…
“¿Se repite la historia? ¿Cambian sólo los nombres?
¿Éstas que hoy son mujeres quizá ayer fueron hombres?”

El teatro Helénico (Av. Revolución 1500,
Col. Guadalupe Inn, México, D. F. Metro Barranca del Muerto. Metrobús
Altavista) está a reventar.
Mucha gente, casi todos amantes del teatro.
Uno que otro famoso. Mi amigo y yo. Me siento ataviado porque toda la
tarde he pensado en eso que hoy me vuelve loco. No puedo resistir o
negar la intensidad que siento por vivir y, sobre todo, por amar. Mi
razón, mediatizada y enajenada, me hace intentar entender mis
conmociones internas, estos vuelcos que en el pecho retumban cuando
“alguien” toma presencia en mis pensamientos, palabras y acciones.
Parece un absurdo, es real. Dicen que es parte del amor. Vivirlo a los
30 es… sin comentarios.
Entramos al teatro, nos llevan a las
butacas, muy buen lugar, mi amigo saluda a unos periodistas que he
topado en otras ocasiones y reconozco que siempre me han causado un poco
de curiosidad, está bien, morbo, describir el porqué sería chisme. Mejor
voy a lo que voy. Dan la tercera llamada, el teatro está lleno, todas
las butacas y como siempre uno que otro retardado que me hace levantar
de mi lugar.
Apagan las luces. Dispuesto a disfrutar:
“¿No quieres gozar cual gozaron aquellos que
supieron amar?”
De primera cuenta con esas líneas quedé absorto,
again!:
“…el placer de la vida presente…”.
Vaya, parece que será intenso.

Salen los actores y es tiempo de una Noche
de Carnaval. La escenografía (Ricardo A. Álvarez) y la iluminación
(Gabriela Flores) prometen mucho; están perfectamente cuidados cada uno
de los espacios, el arte, las sombras, todo diseñado para mantener la
atención.
Sale una señora gorda, Lucille Boyer
(Valeria Osuna), me da un poco flojera, por suerte llega la Reportera
Centella (Rocío Canseco) y sus amigos, todos, arquetipos actuales que
representan perfecto los nuevos roles de género que existen en nuestro
actual y diverso México.

Todos, personajes y público, en espera de
las rivales, queremos saber quién será la ganadora de la apuesta que un
año atrás hicieron en ese mismo lugar: la que más hombres conquistó y
burló, la inalcanzable Diosa rompe corazones experta en artes amatorios,
la mujer que es fácil tener –siempre y cuando se le llegue al precio,
¡je! – y difícil conservar, “…la que demuestre que con sus hechos
hizo más daño”.
Llegan las rivales Juana Tenorio (Aleyda
Gallardo) y Luisa Mejía (Keyla Wood). Ambas comienzan el reto, cuentan
todas sus conquistas por el mundo. El vestuario (Francisco Solís) las
identifica perfecto. Juana con un estilo totalmente tredy onda
Diosa griega. La otra, Luisa, con ropa de Cleopatra, de facto, no me
late como se ve con ese verde. Veremos lo que dicen en la afrenta que
puede hacer perder la apuesta.
Con un texto creativo y dinámico las féminas
comienzan su discurso, la Tenorio es la primera: guapa y con actitud
altanera, cuenta sus viajes por las grandes ciudades en las que dejó
corazones rotos y a muchos hombres cabizbajos. Ellas lo saben, somos el
sexo débil y de eso se jactan y abusan. Juana se pasa de astuta, o de
perra, no lo sé. Lo cierto es que ese texto no sólo representa a una
mujer o a un movimiento actual de féminas en rebelión, si no muestran
una cultura en la que tanto machos como hembras nos llenamos con
conquistas y buen sexo en lugar de amor, buen sexo, entrega y
sinceridad. ¡Ah! Cursilerías.
Estoy atrapado. Todo me parece bien hecho, a
pesar de haber escuchado a un actor, que se presenta los jueves en La
Gruta, quien dijo, al terminar la función: que al principio no le
cuajaba la obra, que "tal vez con el tiempo amarre". Sin embargo, lo
contradigo de manera firme pues Juan Ramón Góngora, el director de esta
puesta, maneja de forma clara y sin tabúes los modismos del aquí y el
ahora para decir “amemos, gocemos… que viva el placer…”. Así, con
ese texto, se representa perfecto, incluso, el uso de drogas,
joterías y malvibres que vivimos en la realidad efectiva, me
consta.

“…rubíes por cada beso, perlas por cada
sonrisa…”.
Es tiempo de Luisa. Creo que es buena,
aunque, no sé si sea cosa de dirección, al inicio la siento
sobreactuada. Considero que el personaje da para más. A diferencia de
Juana, la Mejía, tiene que trabajar para lucir sus encantos y digámoslo
así: Juana tiene que ser simplemente ella: Juana. En cambio, Luisa es el
arquetípico personaje de la mujer guapa pero sin chiste. Considero que
esa forma exagerada de ser en la actriz fractura el énfasis en la
expresión de las líneas, es poco natural, por lo que desde ese momento,
yo habría pensado que era una mentirosa, una liosa, que sólo le gusta
joder al prójimo, cosa que por el contenido del discurso, sería una
veterana en los artes de las conquistas y por supuesto, se supone, Juana
se presta a la competencia porque la considera una buena rival.

A falta de amor, algo de vacío.
La música mimetiza perfecto con el escenario
y la iluminación. De pronto, llega el momento del conflicto. ¡Oh, Dios!
La conquistadora resultó conquistada. Qué difícil es siempre ser objeto
de pasiones y perversiones y, de la nada, encontrar a alguien que redime
todas tus culpas y te vuelve su sujeto de amor y alegría, de deseo y
ensoñación. Lo más duro es que el sentimiento, la emoción, la atracción
y el pensamiento sean recíprocos. Eso o algo así es lo que provoca
Andrés (Emilio Savinni) en Juana y, la perra de Luisa, al verse
amenazada, buscará la telaraña donde la mosca ha de morir.
“Dulces palabras… qué dice el silencio
cuando habla la tentación…”
Andrés, un seminarista, recibe la carta que le da su
amigo Brígido (Rosendo Gázpel). Con temor y ansiedad comienza a leer:
“…entre sombras el vacío mis brazos han encontrado…”. Se sabe
enamorado aunque también se siente comprometido con Dios, así como con
su madre atosigante y preocupada por su pequeño. Cada palabra que lee es
la ensoñación de tener cerca a Juana, cada palabra es un susurro en su
cabeza que se manifiesta en eco en el corazón. Está consciente de ello
pues minutos antes el Padre Antonio (Víctor Báez) le advirtió:
“el corazón… en cuestión de poder, siempre tiene más
que la razón…”.
Intermedio
Se cierra el telón, de inmediato dan la
primera llamada para el segundo acto, varios de entre el respetable
salimos corriendo al sanitario. Agustín, mi amigo, dice que no vaya.
¡Insolente!… ¡Mala suerte, hay fila! Me siento presionado porque ya
dieron la segunda llamada. No me gusta perderme un minuto de una
película, puesta en escena o espectáculo y menos si he de escribir de
él. Considero es una falta de respeto. ¿Les ha pasado que justo en ese
momento en el que se distraen es un punto climax de algo
importante y se lo pierden? Eso me molesta. Regreso a mi butaca.
Tercera llamada.

Juana fue rechazada. ¿Saben o imaginan lo
que significa que nadie resista tus encantos o tu belleza o algo tuyo y
de pronto alguien, te fascina, te encanta y te rechaza? Yo sí. Es
horrible, triste, caótico, es un destierro del amor. Es simplemente
descubrir que nunca serás bueno o santo y que el infierno y el pecado
serán por siempre tu penitencia, representada en soledad, al tiempo que
la belleza que se tiene es acompañada por tristeza. Entonces, la ilusión
de amar se pervierte en vacuidad.
La vida sigue.

En fin. La vida continúa hasta que se acaba.
Juana, la soledad de Juana. Entonces debe seguir la apuesta, si ya
perdió al amor de su vida por lo menos no puede perder una lanita [el
dinero de la apuesta, N/E]. Cita al prometido de su enemiga y lo
comienza a seducir…
Cierto, a la mayoría de los hombres no nos
importa la poesía. Se clara y dime lo que quieras así ahorramos tiempo y
le damos placer al cuerpo. Esta por lograr su objetivo. Sin embargo,
llega su rival, Luisa, enervada por sentirse amenazada pone en jaque el
amor de su Sargento Iracheta. ¡Sorpresa! Andrés, el hombre casto que
está dispuesto a perdonar y amar a esa mujer impura, acude con la
intención de decirle a Juana cuánto la ama. Prometen esperarse y amarse
eternamente.
Sorpresas de la vida.

Andrés se va. Llega su madre, exige a la
ramera dejar a su hijo en paz. Juana, por amor, suplica al corazón de la
mujer soberbia… pero ésta saca una pistola, todo es una locura, la
tensión se siente… Disparos, disparos, ruidos, gritos…
“El mundo es una escuela… la vida es una…
eso parece… y no aprendemos”
Obscuro, aplausos interminables, más
aplausos, mucho quórum, los actores regresan a dar las gracias y se une
el resto de la compañía.

Llaman a los padrinos de estreno: Alberto
Estrella repite: “la vida es una y no aprendemos… deseo el mayor éxito a
este parto que fue doloroso pero sucedió”, abraza a Aleyda. Alpha
Acosta, amiga de Keyla, lamenta que el autor haya fallecido hace poco
más de una década y dice a todos: “…el texto es muy rico y que esto
dure… pa’ largo…”, más aplausos. En seguida el tercer padrino es Daniel
Jiménez agradece y comenta que como actores están ahí para “…celebrar la
vida”. Y dejo al final a Perla Schwartz, quien reflexiona sobre el autor
y sobre la relación existente entre Eros y Tánatos diciendo: “es
maravilloso ver como una femme fatal se redime ante el amor”.
Con esto me despido: Con el deseo de que el
amor nos redima para dar lo mejor de lo que somos. Lo cierto y lo que
descubro es que Juana Tenorio me hace ver que la intensidad del ser es
mejor al destierro y que de amar a dudar… es mejor el amar.

Sean felices y no olviden ir al teatro
Helénico los martes a las 20:30 horas, la taquilla está en $200.00 y son
dos horas, amig@ lector@ de Enkidu Magazine, que pasarás en total
placebo.
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