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Coro
Baja California,
brazo poderoso,
al servicio eterno
de la Patria estás;
libre y soberano,
bravo y laborioso,
soldado en la guerra
y obrero en la paz.
Canto a Baja California (1956)
CIUDAD DE MEXICO,
10/02/2011 (Texto © Agustin Villalpando, Enkidu Magazine; Fotos ©
Eduardo Franco/Enkidu Magazine): El Licenciado Rafael Trujillo Herrera
(Durango, 1898- Los Angeles, 1992), originario de Durango, llega a
Tijuana a principios de los años 30 del siglo pasado y de ahí se
traslada a Los Angeles California. En 1965 publica una comedia en cuatro
actos llamada Juana Tenorio ( Editores Mexicanos Unidos). Se
trata de una vuelta de tuerca a la historia de José Zorrilla y Moral
(1817-1893) donde los protagonistas son mujeres: Doña Juana Tenorio (Aleyda
Gallardo) en su enfrentamiento máximo contra su archirrival Doña Luisa
Mejía (Keyla Wood).

Destaca el hecho de que
la obra fue escrita en verso y en esta ocasión el público en Ciudad de
México tiene la oportunidad de acercarse a una personificación
maravillosa en un castellano prístino bajo la dirección del maestro Juan
Ramón Góngora.
Un devenir que en
“tiempo real” dura 2 horas pero que abarca el resultado, nos enteramos
desde el principio, de una apuesta realizada el año anterior por las dos
damas, quienes han apostado $50,000 pesos para quien gane más corazones,
destroce más hogares y, en realidad, tenga más amantes.
Juana Tenorio es, pues,
un retrato de la realidad humana, donde se percibe el amor como un juego
de mesa sesudo, donde cada movimiento, cada palabra, cada silencio y
cada instante son estudiados y se les percibe en una razón
acto-consecuencia destinado a lograr el objetivo final: conquistar más y
más hombres.
La re-unión de la
rivales se lleva a cabo en el mismo lugar que el año anterior, a las
20:00 Hrs., una taberna en Sevilla en el tiempo del Carnaval.
Sin embargo, antes de
que empiecen los hechos más descarados, llegan dos seres, cada uno por
su parte, como venidos de ultramundo y que tendrán su impacto fuerte en
la historia. Se hacen de lugar por medio de dinero y desde lugar
privilegiado observan la reunión de las dos conquistadoras. La alharaca
carnavalesca inunda la taberna…
En punto de las ocho de
la noche llegan las dos mujeres: Una ataviada de Juana, la otra de
Reina-Faraón Cleopatra.
Cada una desvela sus
anécdotas al tiempo que enumera la cantidad de hombres que han tenido.
Juana parece más altiva, más dueña de la escena, mientras Luisa es, ante
todo, fría y calculadora. Ambas son dueñas de belleza irrefutable y su
experiencia de vida las lleva al conocimiento del alma humana
(¿masculina?). Ambas hacen derroche de sus artes amatorias.
En Carnaval el ánimo de
fiesta retumba por doquier.
El caso es que, tras
enumerar y denostarse entrambas. La juez que han acordado las
contrincantes (Reportera Centellas – Rocío Canseco) comprueba que el
número de enamorados entrambas es exactamente igual. Un empate.
Las cosas no pueden
quedar así. Necesitamos una ganadora. ¿Cómo hacer? Ambas han recorrido
el mundo y han conquistado de Nueva York a Beijing, de las Américas a
Europa.
Entonces, en un
encuentro-confrontación, tal vez en el baño del local, Juana y Luisa
deciden continuar la apuesta. Luisa está próxima a casarse con uno de
sus amores, un general. Luisa pide que Juana enamore a un sacerdote o a
un seminarista, alguien que se haya comprometido con Dios y nadie más.
Para completar el cuadro, Juana responde que sí, sugiere que doblen la
apuesta ($100,000 pesos) y anuncia que además del seminarista enamorará
al novio de Luisa.

Se trata de un momento
impactante en escena, cuando las rivales están en lo que suponemos el
baño de la taberna y entonces Juana, luego de que se ha retirado Luisa,
enfrenta a dos presencias apabullantes, una es la madre de un
seminarista (Doña Catalina de Ulloa – Rosendo Gázpel/Lobo Elías– , la
otra es su propia madre –Doña Luz Tenorio – Víctor Báez– . Ambas
maldicen a Juana por ser del todo una mujer que sigue su propia luz y su
propia suerte. Punto importante es que ambas presencias femeninas son
interpretadas en esta puesta por hombres.
El respetable tiene la
posibilidad de arrojar la primera piedra, como hacen los personajes de
las mujeres mayores; sin embargo, amig@ lector@ de Enkidu Magazine,
puedes entender ambas posturas, pues estamos educados (en la Ciudad de
México, al menos), con valores machistas donde una mujer que trabaja
para su propio beneficio es ya digna de sospechas, más aún si tiene
amantes como es “propio” de hombres.
Una rivalidad medida,
donde obviamente Juana tiene un rol mucho más expuesto que Luisa, pues
ésta ya se encuentra en camino a la heteronormatividad, es decir, con el
matrimonio su pasado quedará atrás, mientras que Juana es cuestionada en
todo momento por seguir siendo ella misma.
Con música original de
Fernando Carrasco, un par de veces un poco demasiado fuerte para que se
escuchen los diálogos de los actores, es en general justa. La
escenografía de Ricardo A. Alvarez V es sobria y puntual, la multimedia
de AVES está bien –si eres demasiado puntilloso es prácticamente
innecesaria por la fuerza de la interpretación escénica–, al tiempo que
la iluminación de Gabriela Flores subraya los momentos con un dejo de
moderna tesitura patinada de pasado. El vestuario de la Coordinación
Nacional de Teatro del INBA bajo la coordinación de Francisco Solís es
casi álbica, excepto por el hecho de que el sacerdote lleva botas cuando
el hábito habla de una orden religiosa más humilde (¿franciscanos?).
Hay un intermedio
porque Juana parece haber fracasado en su intento por seducir al
seminarista Andrés (Emilio Savinni). ¿Será esto posible?
Ha pasado más de una
hora y el intermedio es de apenas unos minutos, lo que provoca que aún
después de iniciada la parte segunda de la obra, hombres y mujeres –el
público– continúe interrumpiendo el deguste de la obra porque apenas
tuvieron tiempo de lavarse las manos, suponemos.
La segunda parte es una
colisión con lo previsible. La seducción que surge efecto, al tiempo que
se comprueba la disyuntiva en Juana: ¿ama verdaderamente al seminarista?
Si esto fuera habría perdido no la apuesta sino su rúbrica… La madre del
seminarista se apersona en la casa de la Tenorio mientras ésta tiene en
su recámara al general que es prometido de Luisa y Luisa llega para
asegurarse que la apuesta continúa en pie.

Nadie, sin embargo,
cuestiona a Luisa. Ella es como una voz en el desierto, única y
prístina. Digna y ajena al hecho de que también rompe hogares y
corazones por donde pasa. La obra centra su atención en Juana, jamás
cuestiona los pecados de Luisa.
La salvación viene tras
la debacle. La Reportera y Juana se encuentran tras haber muerto y
entonces el amor de Andrés llevará al final previsto: La vuelta a la
heteronormatividad –una salvación por entregarse a “su” hombre-.
Una justa actoral, un
duelo de personajes. Amig@ lector@ de Enkidu Magazine, tienes la
oportunidad de enfrentarte a tus fantasmas, los de tus conquistas o los
de haber sido conquistad@, tu decides.

Nota aparte estriba, a
manera de dato ocioso, el Lic. Rafael Trujillo Herrera es autor del
“Canto a Baja California” (1956), el “himno” de dicha entidad.
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