| Crisis en España: ¿qué sucederá con la Spanish
Revolution?
por Maximiliano Sbarbi Osuna / Enkidu Magazine
Las espontáneas acampadas de los indignados españoles no reflejaron en las urnas el descontento social, por el contrario, hundieron al oficialista PSOE y fortalecieron al conservador PP. El proceso de descomposición social español no ha llegado a su fin, porque aún el presidente Zapatero debe aplicar nuevas reformas regresivas que profundizarán la crisis. Algo similar sucedió en Argentina en 2001, pero el estallido llegó recién cuando en el país se había finalizado la aplicación de planes económicos nocivos. Los manifestantes españoles, ¿se verán fortalecidos tras las elecciones o se disgregarán como sucedió en Argentina?
La última movilización masiva espontánea que se recuerde en España es la que surgió luego de los atentados en la estación de tren de Atocha en Madrid el 11 de marzo de 2004. A tres días del sufragio, los manifestantes salieron a las calles a protestar por la política del gobierno de José María Aznar, del Partido Popular (PP), de alineación incondicional con la estrategia belicista del presidente norteamericano George W. Bush.

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El movimiento que organizó la primera marcha apolítica masiva para el 15 de mayo fue Democracia Real Ya -
AFP
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El intento de desviar el origen del atentado por parte de Aznar, acusando falsamente al grupo terrorista vasco ETA, indignó a gran parte de la sociedad, que atribuye la masacre de Atocha al islamismo radical asociado con Al Qaeda, por la decisión de Aznar de enviar tropas a Irak.
Pero en aquel momento se veía claro que el beneficiario iba a ser el actual presidente José Luis Rodríguez Zapatero del (PSOE), que en las encuestas se ubicaba 8 puntos por debajo de su rival Mariano Rajoy del PP antes del atentado.
“NO LES VOTES”
Las protestas actuales difieren de las de 2004. El movimiento que organizó la primera marcha apolítica masiva para el 15 de mayo fue Democracia Real Ya, que se multiplicó, como en las revueltas árabes, a través de las redes sociales. En esta oportunidad no existió una recomendación del rumbo político que debían tomar las masas, sino que la consigna fue no votar a los partidos que actúan como agentes del poder financiero, que fue el que precisamente generó esta crisis con el otorgamiento de las hipotecas de alto riesgo.
Sin embargo, la abstención fue menor que en las elecciones anteriores, los partidos de izquierda lograron algunos votos más y el único gran derrotado fue el oficialismo del PSOE, mientras que el voto en blanco benefició al PP. Por ende, no se cumplieron las consignas de los indignados que acampaban en las distintas plazas españolas.
Los grandes partidos (PP y PSOE) se escudan en el sufragio para legitimar las medidas impopulares que toman. Pero, como sostienen los manifestantes, el sistema democrático no es tal, dado que no vale lo mismo un voto en una ciudad que en otra, debido a la ley electoral española. Por ejemplo, la Izquierda Unida ha logrado más de 1.600.000 votos diseminados en todo el país, pero eso le asegura solamente dos escaños.
DIFERENCIAS Y SIMILITUDES CON ARGENTINA 2001
El origen de la crisis española se puede detectar en la especulación crediticia relacionada con los préstamos hipotecarios. Esa fue la punta del ovillo que desenmascaró una economía endeble basada en un crecimiento ficticio. Créditos bajos y a largo plazo produjeron que el consumo y el endeudamiento se dispararan a un ritmo desenfrenado, obligando a los bancos y al Estado a pedir préstamos al exterior.
Algo similar sucedió en Argentina en 2001, cuando la fuga de capitales, de divisas, el endeudamiento externo, la creciente desocupación, los efectos de las privatizaciones sin control y el auge de los contratos laborales humillantes, provocaron un estallido social. Aunque, a diferencia de España, la indignación popular se desencadenó por los saqueos inducidos a supermercados y la represión que dejó 30 muertos.
La violencia se abstuvo de aparecer en España, pero lo que se puede observar es que aún las medidas económicas regresivas no han sido aplicadas en su totalidad. En cambio en Argentina, ya se había llegado al fondo de la crisis cuando estalló la sociedad.
En 2001, las casas matrices de los bancos se negaron a devolver los depósitos confiscados a los ahorristas, siendo el Estado argentino el que tuvo que devolverlos a largo plazo y con la moneda devaluada.
En España, algunas de la condiciones que el FMI exige para continuar prestando dinero son las fusiones de los bancos y de las Cajas de Ahorro, es decir que el estatal Banco de España asuma las hipotecas basura o incobrables, pasando de este modo la deuda privada al Estado.
En cambio, en diciembre de 2001, Argentina ya estaba aislada del mundo, porque los préstamos del exterior se habían cancelado.
FUTURO ABIERTO
El mayor interrogante que surge es si estos movimientos sociales se van disgregar luego de las elecciones o por el contrario se verán fortalecidos. En Argentina, las asambleas barriales se fueron debilitando por su escaso poder real y además por la separación entre los diversos sectores sociales. Por un lado, la clase baja piquetera se vio abandonada por los ahorristas y caceroleros de clase media, que a medida que la economía volvía a crecer se solucionaban algunos de sus problemas más urgentes.
Luego, los piqueteros fueron cooptados por las clases dirigentes, sobre todo a partir de la llegada de Néstor Kirchner en 2003. Pero los problemas de fondo no se resolvieron.
En España, Zapatero anunció que no solamente no va a adelantar las elecciones presidenciales de marzo próximo, sino que va a seguir adoptando las reformas económicas que provocaron la enorme desocupación y precarización de los servicios básicos sociales.
Por otro lado, se ve al PP como el gran triunfador de las presidenciales de 2012. Mariano Rajoy ya manifestó su desacuerdo con las acampadas de protesta y que la ley se tiene que cumplir, en referencia a la toma ilegal de plazas. De esta manera, ambos partidos hegemónicos pretenden regularizar las protestas.
Además, si el PP llegase al poder el año próximo aplicaría las mismas recetas que Zapatero viene aplicando desde el año pasado: préstamos a tasas elevadísimas a un decadente FMI, reducción de salarios y la quita de los beneficios a las familias con cada nacimiento.
Es posible que el movimiento pierda fuerza, pero el futuro que le espera a España con más recortes, recetas ortodoxas y sin poder devaluar su moneda van a provocar más desocupación y en teoría más indignación, con lo que las manifestaciones deberían continuar y nutrirse del debate y de otras experiencias.
Pero el poder puede desarticular a los apolíticos manifestantes, ya que como sucedió en Argentina a largo plazo, las divergencias no se pueden sostener y sin una plataforma política concreta, el objetivo tiende a disiparse.
Aunque eso suceda, la raíz de la toma de conciencia de la ciudadanía ya fue plantada espontáneamente, lo que puede significar un cambio favorable para algo mayor, o bien continuar con el bipartidismo, que claramente no representa a los españoles.
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