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El destino de las
minorías en la Primavera Árabe
Por René Guitton*
PARÍS, 24/05/2011 (IPS/ Enkidu Magazine )
- Desde las costas del océano Atlántico hasta el Golfo, mujeres y
hombres de muchos países árabes y musulmanes reclaman democracia. ¿Qué
ocurrirá con las minorías religiosas allí donde triunfen esas
demandas?
Durante mucho tiempo, muchos observadores subestimaron
–e incluso algunos negaron— la gran aspiración de democracia del
pueblo árabe.
Pero la extraordinaria agitación actual pone de manifiesto la
universalidad de la demanda de respeto a los derechos humanos, así como
que adherir al Islam no excluye el deseo de democracia.
Hasta ahora, y pese a algunos temores, las revoluciones árabes no han
conducido ni a la xenofobia ni a manifestaciones antioccidentales, así
como tampoco han significado un avance significativo para los islamistas.
La Revolución de los Jazmines en Túnez y las protestas masivas en la
Plaza Tahrir de El Cairo y en el resto de Egipto compartieron los
reclamos de poner fin a los regímenes dictatoriales. Los levantamientos
también plantearon el desafío implícito del islamismo político.
Pero al luchar contra palos y balas, los manifestantes no citaron la
Shariá (ley islámica) ni el deseo de un Estado teocrático basado en
un Islam fundamentalista. Reclamaron y obtuvieron, en cambio, promesas
de un sistema multipartidario, libertad de prensa y perspectivas de
genuinas elecciones democráticas y pluralistas.
En estas manifestaciones no se quemó ninguna bandera estadounidense o
israelí ni se pronunció ningún eslógan antioccidental o antijudío.
En Libia y Siria, como en Irán, los regímenes gobernantes han
intentado deslegitimar las protestas denunciando lo que calificaron como
"la mano extranjera" y culpando a los vientos populares que
arrasarían un imaginado "Gran Satán israelí-estadounidense".
Este reclamo populista prácticamente no fue creíble, y los
manifestantes han mostrado que están determinados a rechazar el "antiimperialismo"
como motivo para preservar la dictadura. Ésta es una señal muy
alentadora, aunque no hay ninguna garantía en cuanto a qué dirección
tomarán estos levantamientos. Y algunos acontecimientos recientes
exigen vigilancia.
A fines de 2010, Egipto fue el escenario de un sangriento ataque contra
una iglesia copta en Alejandría. Entonces nadie podía haber imaginado
que, pocas semanas después, multitudes de musulmanes, cristianos y agnósticos
se reunirían en la misma ciudad para ayudar a sacar del poder a Hosni
Mubarak (1981-2011).
Incumbe ahora a todos los egipcios movilizar ese mismo espíritu cívico
para asegurar que los ataques sectarios sean rechazados igual que la
dictadura.
Y en Túnez, poco después de la caída del presidente Zine El Abeddine
Ben Ali, el sacerdote católico Marek Rybinski, nacido en Polonia, fue
asesinado en una escuela salesiana del suburbio de Manouba.
Mientras, decenas de manifestantes islamistas se congregaban fuera de la
Gran Sinagoga de Túnez, y una capilla era incendiada cerca de la
sudoriental ciudad de Gabes.
En una alentadora respuesta a estos hechos, cientos de tunecinos
manifestaron por un "Túnez secular", blandiendo pancartas que
rezaban: "Todos somos judíos, cristianos y musulmanes".
La mejor forma como se juzga una sociedad es siempre por cómo trata al
"otro". Esto también se aplica a las sociedades occidentales,
aún cuando las minorías sean tan pequeñas que resulten prácticamente
invisibles.
"¿Acaso soy el cuidador de mi hermano?", preguntó Caín.
Debemos rechazar la interpretación restrictiva, egocéntrica y etnocéntrica
de esta pregunta. Somos los cuidadores de nuestro propio hermano, pero
no solamente de él.
Uno no necesita ser cristiano para defender a los coptos de Egipto, a
los asirios y caldeos de Iraq y a los maronitas de Líbano. Uno no
necesita ser musulmán para defender a los chiitas de la península arábiga,
a los sunitas de Irán, a los musulmanes de India y a los alevitas de
Turquía. Uno no necesita ser judío para salir en defensa de los judíos
de Siria o de Irán.
Pero la defensa de las minorías es, por sobre todo, responsabilidad de
las mayorías entre las cuales viven, ninguna de las cuales puede gozar
de una autoestima verdadera si desprecia o maltrata al "otro".
Los nuevos regímenes serán juzgados por cómo tratan a sus minorías
étnicas y religiosas, entre ellas los cristianos egipcios, sirios,
jordanos y libaneses, los kurdos sirios, y los chiitas del Golfo.
La muy citada pero falaz teoría según la cual solamente los regímenes
autoritarios pueden garantizar la seguridad de sus minorías, o incluso
su supervivencia, aguarda una enérgica negación que debe ser
demostrada con palabras y con hechos.
Será según el espacio en que se permita a varias minorías vivir y
florecer en sus sociedades que juzgaremos la verdadera naturaleza de la
Primavera Árabe.
* René Guitton es un escritor y editor francés.
Este artículo es parte de la serie "Religión, política y espacio
público", que se realiza en colaboración con la Alianza de
Civilizaciones de las Naciones Unidas y su proyecto de Expertos
Mundiales (http://www.theglobalexperts.org/).
Los puntos de vista expresados en estos artículos son de los autores y
no necesariamente reflejan los de la Alianza de Civilizaciones de las
Naciones Unidas o de las instituciones a las que están afiliados los
autores.
(FIN/2011)
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