|
SALTILLO, 06/06/2011 (Texto ©
Alejandro Esparza Farías y Espinosa** / Enkidu
Magazine): Analizando los parámetros entre los devenires del
tiempo, del ayer y del ahora, de pronto se observa que el proceso de
Creación como fenómeno global adquiere matices contemporáneos; raros e
insospechados. Hoy por hoy, las fuentes de enriquecimiento intangible
que en el artista devienen en fronteras de expresión trazadas en torno a
lo que percibe en el mundo, proponen retos ante los cuales hay que saber
asumir no solamente una actitud determinada, -porque en el artista a
diferencia del político, la actitud se propone en torno a la acción de
aprehender de su contexto de percepción los elementos con los que dará
forma a su objeto. Es decir que su pensamiento debe estar concentrado a
partir de un eje y que soslaya su propuesta estética-., sino que hay
que asumir la responsabilidad implícita en que, en el acto de crear nos
encontramos al mismo tiempo con el acto de ser concientes de nuestra
realidad. Crear es una sublimación, concientizar la realidad es
solamente eso, y nada más.
Lo anterior viene al
tema por la inquietud de exponer en generalidades parte de lo que la
responsiva del Creador en nuestro mundo de hoy enfrenta por delante de
su ejercicio máximo que es establecer cimientes conceptuales para
construir a partir de allí un edificio firme, en cuya estructura se
observe el valor semántico de los significados y el efecto de los
símbolos creados ante una sociedad que le consume, o le debe consumir,
con el ánimo de exteriorizar a través del aquello, la cosa u objeto, sus
deseos antropológicos y psicosociales de culturizarse y establecer por
medio de ese proceso sígnico de culturización, todas aquellas virtudes
apriorísticas que le deben a partir de entonces de caracterizar como
homo sapiens.
No es la anterior una
visión fenomenista ni dogmática, tampoco pretende serlo pragmática, más
bien es un conglomerado de ideas resumidas en torno al papel que debe
asumir El que Crea, en lugar de tomar de pronto asignaturas que le son o
deben ser propias a los políticos y gestores culturales oficiales e
independientes en aras de reforzar su tarea al frente de instituciones
públicas y privadas. Tampoco es un Episteme sino mejor dicho una
sencilla opinión enmarcada por el corolario de la inquietud programática
en la que de pronto observo inmerso a mi panorama.
Cierto es que el
Creador debe asumir también una posición de promoción intensa, debe ¿y
porqué no?, asumir una actitud de vigilancia y exigencia para que las
instituciones por ejemplo, hagan su parte a la par del trabajo del
núcleo de creadores y en mutua observancia del respeto, la tolerancia y
la decencia. Las instituciones públicas lo son y el patrimonio que
construyen, el tangible, le pertenece a la sociedad por completo. Pero
el trabajo del artista es el intangible y es él quien crea esta parte
del patrimonio artístico de una sociedad. Cito a Ernst Cassirer: “La
filosofía no nos puede proporcionar una teoría satisfactoria del hombre
hasta que no ha desarrollado una teoría del Estado. La naturaleza del
hombre se halla escrita con letras mayúsculas en la naturaleza del
Estado... La vida política no es, sin embargo, la forma única de una
existencia humana en común. En la historia del género humano el Estado,
en su forma actual,

Teatro Monclova
Parafraseando la teoría
de “receptor” y “efector” del biólogo Johannes von Uexküll, creo
entonces pertinente re direccionar la perspectiva, un grillo hace su
talacha y el escultor toma su cincel, no hay más horizonte por de pronto
a lo que se deba orientar la mirada ética de quien ocasiona la
existencia de la realidad estética, si es que habremos de asumir la
existencia de un ente “Receptor” de todos aquellos símbolos con los que
buscamos transformar el círculo funcional del hombre al que se refiere
también Cassirer, “y la totalidad de la vida humana”.
También es cierto que
el Creador crea a partir de postulados ideológicos que le son
determinantes a la hora de construir y definir el trazo total de su
propuesta estética, su mirada frente a la conciencia mundana es
diferente además porque enfatiza aquellos sesgos que corrompen la
sublimidad del idealismo. El artista hace hincapié en la transformación
de fondo, pero solo en base y a partir de que él mismo transforma a
través de la materia la materia misma. El Creador es un sujeto
ontológico que escudriña en los laberintos múltiples de la existencia la
significancia de ella, para traducirla y decodificarla, plantearla en
suceso a posteriori, y determinar signos y estrategias a priori. Su
labor debe establecer valores conceptuales por medio de un cruce de
fronteras estilísticas que lo lleven a modificar en la acción, todas
aquellas tendencias que le son adversas, en aras de proponer una mejor
cimentación para la conciencia general de la sociedad y del mundo del
cual forma parte.
Más allá de todo lo
anterior el énfasis deviene en la condición sine qua non para que el
sentido del arte y la cultura encuentre su pertinencia; cuando el
destinatario acude a los llamados. Hoy por hoy la crisis que nos
amedrenta es la ausencia del público, una ausencia que duele y pesa en
los ánimos y en la conciencia. La ola de violencia que cimbra al país,
la crisis económica y de valores, la indiferencia, la escasa difusión
dixit nula estrategia publicitaria, la inclinación social por lo popular
y lo mediático, el vacío de un programa de arte y cultura en los
programas educativos que conlleva de la ineptitud gubernamental a la
ignorancia comunitaria, el desconocimiento de la sociedad de que cuenta
con Creadores locales en cuya múltiple oferta se encuentra escanciada la
necesidad de hacer arte, las pugnas entre Instituciones-Creadores,
Creadores-Instituciones, más una lista extensa por detallar que parece
interminable, tienen los asientos de los diversos espacios de expresión
semi vacíos, con una pléyade consuetudinaria identificada pero poco
público. ¿La solución?
Es adecuada la manera,
hasta el momento, de buscar estas soluciones a través del escrutinio de
opiniones y consensos, en los que tanto particulares como públicos, los
factores que intervienen deben darse a la tarea de trazar estrategias en
preocupaciones que nos son comunes. Aunque bien es cierto que al
tratarse de una comunidad de Creadores y de una comunidad Institucional
el carácter de todos es de factores públicos, porque tanto el artista
como el funcionario trabajan y trazan para el bienestar colectivo.
La búsqueda de
soluciones a partir de consensos debe ser tomada en cuenta, porque bien
es cierto que a final de cuentas esta tarea le corresponde
subsecuentarla a las autoridades gubernamentales, so pena de seguir
cumpliendo a medias con su apostolado jurídico enmarcado en la Ley de
Desarrollo Cultural para el Estado de Coahuila de Zaragoza, en el cual
se contempla la protección de los bienes artísticos y culturales
tangibles e intangibles. Y si retomamos algunas líneas arriba lo
escrito, ya expusimos cuales son las características tanto de los bienes
que crean las instituciones como aquellos que crean los creadores,
considerando entonces que los Creadores entran a formar parte del
Patrimonio Cultural Intangible, como sujetos productores de estos bienes
y servicios de carácter público.
Es entonces pertinente
el caso de argumentar lineamientos en busca de solucionar también los
problemas logísticos y presupuestarios con los que se está trabajando,
en un estado en donde los buenos teatros se le rentan a los creadores
escénicos locales y aquellos con los que se dispone de manera gratuita,
están aún muy mal condicionados con respecto a sus luces. Un creador
escénico decente, que se digne de serlo y pretenda elaborar una
propuesta integral de iluminación de fondo y concepto, por ejemplo, en
nuestro Estado no puede hacerlo, teniéndose que conformar con una
creación estética modulada a medias. Pero esto es solo un comienzo, el
resto es muy extenso y se agota el espacio, continuaremos abordando el
tema.
* Texto publicado en
la revista El Quijote y el catorcenario Espacio 4.
** Alejandro Esparza
Farías y Espinosa - Actor y dramaturgo coahuilense. |
|