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Sin identidad
Director: Jaume Collet Serra
Guión: Oliver Butcher, Stephen Cornwell (Novela: Didier Van Cauwelaert)
Interpretes: Liam Neeson, January Jones, Diane Kruger, Aidan Quinn, Frank Langella, Bruno Ganz,
“Sin identidad” es la
confirmación absoluta del talento del joven realizador catalán con
vocación internacional Jaume Collet Serra. El director de “La huérfana”
se embarca en otro proyecto en el cine de Hollywood -con claros ecos del
los filmes de acción de Alfred
Hitchcock- y nos
cuenta la historia de un joven “doctor” (Liam Nelson, impecable de
principio a fin) que sufre un terrible accidente al llegar a Berlín con
su mujer para dar una conferencia. Serra juega con el espectador sin
ningún pudor, pero lo hace con pulso de maestro logrando uno de
los”thrillers” más solventes y cuidados de los últimos años, a la
altura de, por ejemplo, “El escritor” de
Polanski o, en menor medida, “La
caja Kovack” de Daniel Monzón.
El único problema de “Sin
identidad” es que, aunque, como en sus
anteriores trabajos, el mecanismo de relojería funciona a la
perfección lo hace
en detrimento de la
verosimilitud la credibilidad y
la hondura, dejándonos a medias en la introspección psicológica y
recurriendo a algunos tópicos en la descripción -de brocha gorda- de
los personajes secundarios frente a la entidad que acaba adquiriendo el
protagonista masculino. Serra cae en cierto maniqueísmo en aras de la
brillantez formal y la entidad visual de su alambicada historia.
Nada puede reprochársele
narrativamente a un filme visualmente inteligente y montado
con astucia, pero apoyado
en un guión que- como ocurría con los primeros filmes de Amenábar o
en “Frenético” de Polanski- está trazado con exactitud matemática
en sus puntos de giro y con ambición
narrativa pero limitada
capacidad para conmover. Lo más sabroso de este thriller psicológico y
de acción, de acabado magistral pero fría
construcción dramática, es su descripción escueta pero mordaz de la
xenofobia y la prepotencia
en la clase política de la Alemania
de nuestros días. Como dice uno de los personajes secundarios (encarnado
por Bruno Ganz) de esta peculiar y gélida obra maestra del cine de
entretenimiento : “somos un país que olvida fácilmente sus errores”.
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