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Indiferencia
y modernidad
Por
Erica Bertoqui Valdenegro
En
su libro Los 7 pecados capitales, Fernando Savater, hace una
observación crítica contemporánea sobre la soberbia, la gula, la avaricia, la
ira, la lujuria, la pereza y la envidia. Actualmente, no sólo son éstos 7
“pecados” los que se llevan las palmas, existen algunos más para el
infortunio de hombres y mujeres.
En
uno de sus cuentos Albert Camus, describe a un mendigo que mientras todos pasan
caminando, sin observar su desgracia, decía: “la gente no es mala, es que no
ve”.
El
nuevo pecado que se integra a la lista de nuestros tiempos es la indiferencia,
el pecado de la modernidad. El ser humano, creador por excelencia, con las
herramientas tecnológicas a su alcance para descubrir los confines del universo
y nuestro genoma, carece de visión, para poder advertir la más elemental falta
de justicia y equidad dentro de nuestra sociedad que diariamente se presenta en
las calles, al ser objeto de la delincuencia, violencia física y verbal,
secuestros, asesinatos y tantas otras vejaciones en las que está expuesta toda
la población.
En
este universo poblacional, existen sectores con mayor probabilidad de ser
vulnerabilizados y al mismo tiempo no encuentran una respuesta satisfactoria y
expedita cuando reclaman justicia. Entre estos grupos se encuentra la comunidad
lésbica, gay, travesti, transgénero, transexual e intersexual. A lo largo de
la historia, éste sector ha sido blanco de prejuicios y discriminación.
En
el proceso de denuncia ante un delito, el ciudadano perteneciente a la comunidad
LGBTTTI, es visto por parte de las autoridades, como la persona provocadora del
acto acontecido; o se le toma declaración en el acta correspondiente pero no se
le considera seriamente lo expuesto por el denunciante y se retrasa su proceso
judicial; o está el caso en el cual desafortunadamente la autoridad competente
hace uso de sus facultades, pero existiendo el factor corruptor, los
delincuentes apresuran su salida a través de influencias y el delito queda
impune.
Las
falsas apreciaciones, son los factores que intervienen en muchos casos al
momento de impartir justicia por parte de las autoridades correspondientes. La
mala información, la homofobia, la transfobia y mitos que medios de comunicación
ignorantes y faltos de ética exponen como reales una serie de estereotipos, que
no tienen nada que ver con los verdaderos hechos de esta comunidad; dichos
medios son puentes conductores en donde las voces de la ignominia gritan apócrifas
frases cubiertas por la oquedad de unas mentes que buscan comicidad barata y sin
imaginación.
En
una cultura donde se omite al ser humano que piensa y actúa diferente, no se le
puede calificar de incluyente, democrática y justa.
La
indiferencia ante el dolor humano, la indiferencia ante actos injustos, la
indiferencia ante la impunidad, nos demuestra un retroceso en el desarrollo
axiológico de la sociedad y de las autoridades que están encargadas de
investigar, aclarar e impartir esa justicia tan anhelada.
Que
no sea la indiferencia el nuevo pecado de este siglo XXI, que no se convierta la
indiferencia en la nueva pandemia que ciegue, enmudezca y dañe la mente de las
nuevas y actuales generaciones. Que la indiferencia no selle los labios de la
verdad y la justicia.
Una
nación civilizada es aquella que ofrece justicia y una posición digna a todos
sus ciudadanos no importando la diversidad de pensamientos.
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