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Los crímenes de odio por homofobia

                                                                                                

A la memoria de Cristian Sánchez Venancio

Los crímenes de odio ocurren cuando una persona elige a otra por su pertenencia a un grupo social o características (raza, color, edad, condición social) para atacarla basada en prejuicios, son por homofobia cuando se cometen contra las personas por su identidad sexual, por la proyección, es decir lo que veo en el otro lo odio en mi. El reflejo que el asesino hace de su sexualidad sobre la de su víctima, porque le incomoda y no acepta ser atraído por una persona de su mismo sexo, sus prejuicios consideran aberrante la homosexualidad, terminando con una vida humana como una muestra clara del grado máximo de la discriminación y la intolerancia.

Se distinguen por el móvil del autor del crimen, quien pretende enviar un mensaje a la colectividad a la que pertenecía la víctima, erigiéndose en el mandatario de los valores únicos, absolutos, inquebrantables de la heterosexualidad, que no reconocen ni aceptan a la diversidad sexual como un valor más de las personas, y se acompaña de otro como el robo, la extorsión previa o el chantaje.

La víctima por su parte experimenta atracción y excitación por quien sin saberlo, se convertirá en su victimario; un macho varonil, que no se asume homosexual, no obvio, dirián los gays, alguien que también vive con conflictos su identidad sexual.

La saña con la que se cometen va desde puñaladas, pedradas, quemados, violados antes y después de muertos, exhibidos, marcados con su propia sangre.

Esta saña fue confirmada por la familia de nuestro compañero y amigo Cristian.

Esta forma de delincuencia confirma la crisis social de nuestra colectividad, la falta de conducción de un Estado para promover políticas públicas integradoras que se ve rebasado por la violencia generada por el estigma y la discriminación que son producto de la ausencia de la educación formal de la sexualidad que permita socializar el conocimiento sobre la orientación sexual y la identidad de género como condición humana.

Es notoria la falta de atención y acción de instituciones como el CONAPRED que en lugar de implementar estrategias contra la homofobia suprimió el único programa de una instancia de gobierno para revertir esta forma de exclusión social; la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se niega a atender nuestra petición añeja de implementar un programa para la comunidad LGBT y sólo cuenta con uno para personas que viven con VIH/SIDA, por su parte el Gobierno Federal que anunció en agosto del 2008 ante la comunidad internacional de visita en México previo a la XVII Conferencia Internacional sobre el SIDA un Plan Nacional contra la Homofobia que continúa enredado en procesos burocráticos, todo esto es la muestra clara de un gobierno de derecha, un mensaje que nuestra comunidad no puede perder de vista.

A esto se agrega la ausencia de un marco legal que castigue las declaraciones y discursos homofóbicos de ministros de culto, jerarcas católicos que difunden un  mensaje culposo sobre el placer sexual y que sólo reconocen la característica de reproductividad de la sexualidad al afirmar que “… ser homosexual no es pecado sino ejercer las prácticas sexuales”;  de comentaristas y políticos que sienten “asquito” ante la diversidad sexual y emiten mensajes que incitan a la violencia, origen de los crímenes de odio por homofobia, que permanecen impunes bajo el argumento de que se trata del “libre ejercicio de la libertad de expresión”.

Esto confirma la urgencia para dar el paso que sigue en la ciudad de México una vez logrado el matrimonio gay, crear un Instituto de la Diversidad Sexual que instrumente un programa social con políticas públicas transversales a favor de nuestra comunidad tal y como existe para otros grupos en situación de vulnerabilidad.

La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal ha aceptado que utilizará el protocolo para los crímenes de odio por primera vez, aplicando la agravante de odio tipificada en el Artículo 138 del Código Penal, (logrado a propuesta de Agenda LGBT en agosto del 2009) por lo que se deberán acreditar la conducta, la tipicidad, la antijuridicidad y la culpabilidad, esperamos que no se criminalice a persona alguna sólo por buscar resolver el crimen.

Se trata de un conflicto de supremacías, que presupone bandos opuestos, blancos contra negros, ricos contra pobres, jóvenes contra adultos, en una sociedad donde la heterosexualidad es el único valor reconocido frente a las parejas del mismo sexo, es la imposibilidad de reconocer y aceptar lo diferente, promovido y difundido desde los medios de comunicación masiva que preconizan valores hegemónicos y estereotipos de belleza, de salud y estatus social, que nos caricaturizan y fomentan el clasismo, el racismo, la misoginia, la discriminación y la homofobia.

Con independencia de ello, hace falta dejar claro que no se trata de un crimen pasional o más bien identificar de qué pasión se trata, en el caso de los crímenes de odio por homofobia vemos de manera clara la antítesis del amor, “te odio por lo que eres, pero a la vez te amo por lo que me excitas”, la línea del odio y del amor están polarizadas en los extremos.

El asesino busca dejar claro la muestra de su desprecio, el objeto sexual que constituye  la homosexualidad a la que desvaloriza y lleva al plano de lo inhumano, de la aberración y del pecado, por ello merece y le asesta una muerte tortuosa.

El asesino actúa y se cuestiona “¿Por qué siendo yo un hombre me excité ante la presencia de otro hombre? ¿Por qué permití que otro hombre me sedujera, si yo soy hombre y sólo deberían gustarme y excitarme las mujeres?” y al darse cuenta de que ha cometido una “falta moral”, un “pecado”, o realizado una conducta “indebida” reacciona de manera violenta y comete con saña su crimen, y afirma “lo maté porque me provocó, para que no siga reproduciendo el mal, porque no es correcto que dos hombres tengan sexo, para hacerle un bien a la humanidad” constituyéndose como un dios creador y dador de vida, en lugar de permitirse experimentar y vivir a plenitud  esa atracción profunda, física, sentimental y sexual que es la orientación sexual.

El asesino se torna incapaz de incorporar los elementos con los que se construye la identidad sexual; el sexo, género, vínculos afectivos, erotismo, reproductividad, orientación sexual e identidad de género, y reduce su proyección a lo genital convirtiendo a un pene que se erecta con otro pene en el cuerpo del delito. Es pues un reflejo de la homofobia internalizada, el miedo a asumir el deseo homoerótico propio.

Cuando el encuentro ha sido con una persona Travesti o Transgénero el enojo se torna mayor, “Me excitas por tus características femeninas, pero, ¿Por qué en el cuerpo de un hombre?, me engañas porque pretendes suplantar  a una mujer y eso me excita, y esto no debería ni puede ser” el sujeto culpabiliza y se niega a la posibilidad de reconocer la identidad de género de las personas, ahí donde la feminidad y masculinidad concurren y se pronuncian en un mismo cuerpo produciendo excitación y placer.

En el caso de las mujeres lesbianas, éstas son violadas para revertir esa atracción que sienten por otra mujer, “…es que no han conocido al hombre que las haga sentir mujeres de verdad, pero con una buena cojida se pueden curar”, esta saña es mostrada desde el hogar por el padre o los hermanos y en algunos países es una práctica que pretende mostrar a la sociedad que esa familia no permitirá “desviaciones” entre sus integrantes, como en el resto de los casos las mujeres son exhibidas por sus condición de “tortilleras”.

Los crímenes de odio por homofobia pretenden infundir temor entre nuestra comunidad para acallarnos en la lucha por la libertad sexual, la igualdad y la justicia. Constituyen un franco atentado contra nuestros derechos humanos, nuestra dignidad y la de nuestras familias.

Sin embargo, no lo impedirán, no cejaremos por continuar derribando estigmas, y dejar claro que  no se trata de  “traidores o prófugos de la virilidad” como diría Monsiváis, quien me pedía que lo llamará matrimonio gay, pues era necesario transitar del estadío del puto, joto o maricón que representa un cuerpo sexuado, el del chacal al del homosexual como lo biológico y aquel que se siente atracción por lo distinto, para llegar al de gay, con esa posibilidad de construir una identidad social, la misma que nos hace salir a marchar con el orgullo de ser quienes somos.

Ante esta situación hemos presentado con el Senador Ricardo Monreal una iniciativa para tipificar los crímenes de odio por homofobia a nivel federal, para que de esta manera, sean atraídos los casos de nuestros compañeros asesinados al interior del país y resueltos por una fiscalía especializada por la Procuraduría General de la República y castigados con penas del tamaño de la saña con que se han cometido.

Además diputados como Claudia Anaya, Tere Lupe Reyes, Leticia Quezada, Teresa Ochoa entre otros presentarán a propuesta nuestra un punto de acuerdo desde la Cámara de Diputados para que todos los estados legislen al respecto.

Asumir plenamente la Identidad sexual y salir del clóset,

antídoto contra los crímenes de odio por homofobia

 

Abogado Jaime LOPEZ VELA , Director de Agenda LGBT A.C., antinomoi@hotmail.com

 

[11.08.2011]: La Marcha Nacional contra los Crímenes de Odio 

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