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MADRID, elcultural.es, Benjamín G-Rosado | Publicado el 21/01/2011: A
Plácido Domingo (Madrid, 1941) nunca le han echado más años, pero sí más
vidas. Como dos o tres, que es el tiempo que necesitaría el común de los
mortales para alcanzar su estadística sobre los escenarios e igualar la
fenomenología de sus miles de funciones por todo el mundo. Hoy, el
tenor, barítono, director y gestor musical cumple 70 años. Y lo hace
rodeado de amigos en una Gala homenaje en el Teatro Real, el edificio
que le vio crecer. Antes del concierto, que se retransmitirá en directo
desde la Plaza de Oriente y en diferido (22.00h) a través de La 2,
Plácido Domingo soplará las velas y pronunciará un deseo goethiano: que
todo siga igual.
Pregunta.- ¿Qué balance hace de estas siete décadas?
Respuesta.- Las décadas son nuevos comienzos, en los que uno puede
reinventarse y hacer recuento de lo vivido hasta el momento. A mis
setenta, y echando la vista atrás, puedo decir que la década más difícil
fue la de los 30. Estaba un poco sobrepasado de kilos y sentía que había
otros tenores que estaban más en forma que yo. Los 40, 50 y 60 fueron
más fáciles. También ahora me sobra algo de peso. Y por eso estoy
haciendo ejercicio. En cuanto a la trayectoria vocal, creo haber seguido
el camino de la lógica. El repertorio más duro lo abordé entre los 20 y
los 50 años. En los 60 bajé un poco el listón, haciendo más roles
wagnerianas, dedicándome más al barroco y a obras de compositores
actuales. En cualquier caso, hay óperas que me han acompañado siempre y
no he cerrado la puerta a nada. Al menos, no para siempre.
P.- Se acaba de publicar su biografía, Plácido Domingo, un coloso en el
teatro del mundo (Planeta). ¿Cuál diría que es el Plácido Domingo menos
conocido?
R.- Creo que el Domingo casero, el del ambiente familiar, el de puertas
adentro. Esa parte de mi vida no le interesa al público. Quizá le
importaría, pero no les he dado motivos para ello. Y no porque haya
corrido más rápido que los paparazzi, sino porque lo doy todo en el
escenario, y la gente se sacia con eso. Si te entregas al máximo, la
gente queda satisfecha. Te pueden ver en un partido de fútbol o pararte
para pedirte un autógrafo cuando sales a cenar. Pero siempre han sabido
respetar mi espacio porque yo les he respetado a ellos.
P.- El que no haya renovado su contrato como director general de la
Ópera de Washington ¿lo acerca más a los despachos de algún teatro
español?
R.- No sabría decirle. Desde luego, si no he renovado es porque he
considerado que mi etapa en Washington había llegado a su fin, después
de 15 años de proyectos y muchas, muchas alegrías. Mantendré un tiempo
más la dirección de la Ópera de Los Ángeles, donde llevo ya una década.
En cuanto a los rumores sobre una posible dirección en España, no puedo
decir nada. Se ha hablado de alguna cosa, pero todavía es pronto.
P.- ¿Y qué le pide a las 70 velas?
R.- Firmaría sin pensarlo por tres o cuatro añitos más en el escenario.
P.- ¿Qué sería de usted si no se hubiera dedicado a la música?
R.- Eso mismo me pregunto yo. Quizá hubiera tirado por la vía del
deporte, que lo practicaba mucho, sobre todo el fútbol, aunque creo que
no habría sido lo suficientemente bueno como para competir
profesionalmente. Lo más seguro es que me hubiera dedicado al cine como
actor, sin desmerecer mis cualidades como cantante, por supuesto. Fíjese
que en México existía entonces la figura del actor-cantante, como Pedro
Infante, Jorge Negrete y algunos otros.
P.- También le tentó la política...
R.- Es cierto. Hubo un momento en mi carrera en que pensé en presentarme
a algún cargo público. Concretamente, no me habría importado nada ser
Alcalde de Madrid. Lo que, por supuesto, no quiere decir que hubiera
llegado a serlo. Pero soy una persona muy tozuda y trabajadora. Llegado
el caso, me habría pateado la ciudad de arriba abajo hasta conocer el
último de sus rincones y problemas. Luego, habría jugado mi suerte en
las urnas.
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