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CIUDAD
DE MEXICO; 22/02/2011 (Texto, fotos y video ©
Eduardo Franco/Corresponsal de Enkidu Magazine en Ciudad de Mexico):
14
de febrero de 2010.
Querido
Diario:
Hoy
es 14 de febrero, reconozco que siempre he criticado y dicho mierdas de
este día, como cualquier otro solitario. Pienso que el amor debe fluir a
diario, no sólo el día que se celebra el amor y la amistad –gracias a
la mercadotecnia–. Considero que el amor y la amistad son un trabajo
continuo. Sin embargo, esta vez es diferente porque valoro que si pensamos
en el Amor, el ambiente del planeta huele a amor.
Este
año abstraigo diferente. No sé qué es lo que me hace sentir y pensar
distinto, pero lo es. Después de un día lleno de estrés, llegó el
momento de ir al Teatro de la Ciudad para hacer la nota de Enkidu
Magazine. Llegué pronto por el gafete y la cámara, acordé ir con un
gran amigo, Jaime, a la entrega musical de La Megabizcocho. En
serio, valió la pena. Sobre todo porque descubrí que todo puede ser
distinto si aprendo a pensar y sentir distinto: point
of view.
Estuve
pensando en el origen de este día. Y recordé la leyenda de San Valentín,
que la expresa por primera vez el poeta inglés Geoffrey Chaucer
(1343-1400) en Parlement of Foules
(1382) que escribió el poema conmemorando el primer aniversario del
compromiso entre el Rey Ricardo II de Inglaterra y Ana de Bohemia. Algo caótico,
pues se casaron cuando andaban por los 14 años y lo lograron gracias al
obispo Valentín… No se supo cuando falleció, pero él fue el
responsable de que estos jóvenes estuvieran juntos, por tanto, al cálculo
se supuso que hoy era el día del fallecimiento del Santo. Aunque otros
afirman que el rollo de esos amores, en busca del alma gemela, viene desde
el siglo III de nuestra era. No lo sé.
Lo
cierto es que sentí que en las calles se respiraba amor.
Llegué
al Teatro de la Ciudad Esperanza
Iris, como siempre, corriendo, mi amigo se encontraba ahí. Entramos y
fue un lugar excelente, el teatro lleno. La verdad es que muchos esperamos
lo que hace Regina Orozco porque es garantía de calidad, de buena vibra y
de pasarla bien.

Tercera
llamada. Obscuro, apenas es audible una guitarra. Se escucha la soprano:
“Te amaré, te amaré como al mundo. Te amaré aunque tenga final… Te
amaré hasta el fin de los tiempos. Te amaré y después te amaré”. La
canción fue a oscuras. Luego, telón cerrado y La Amorosa en proscenio.
Ahí, frente a su público, en seguida le siguió:
“Te doy una canción de madrugada […] Cuando más quiero tu luz…
te doy una canción cuando aparece…”.
Orozco
saluda a su público, encantados todos… se siente bien estar ahí, y por
supuesto, lo que es seguro en su entrega, lo prometió: “mucha jotería”.
Esta
noche, Regina Orozco se puso amorosa y nos contagió a todos los
asistentes. Desde el primer momento la pasamos en un efecto placebo y eso
lo reforzó con Pequeñas cosas de
Joan Manuel Serrat. Luego continuó con Liliana Felipe en una rola
verdaderamente estremecedora: A
nadie.
Y
más que una entrega musical, me parece que fue una entrega de una gran
mujer, cantó al amor hasta el cansancio, ese instante que puede hacernos
reír y llorar sin razón aparente.
Lució
tres vestidos, dos durante la primera parte en la que interpretó nueve
canciones, así como joyas, éstas de su amigo Gustavo Helguera. El
primero fue un entallado vestido "morado" (sic), pues llegó
"demorada", dijo riendo, dentro del espectáculo que duró casi
120 minutos.
Los
asistentes sabemos valorar su arte pero, sobre todo, la entrega de la
artista. Algo gracioso fueron los revendedores, quienes minutos antes a
todos nos pedían boletos sobrantes para seguir haciendo su dinerito.

La
Amorosa compartió escena con el Maestro Rodolfo Ritter, un amoroso
que interpretó de manera sublime piezas en un hermoso piano y fue quien
dirigió musicalmente este concierto y, por supuesto, amó a su amorosa
con un lindo beso al concluir el evento.
Otras
canciones fueron De Qué Callada
Manera, una mezcla rara que incluyó música de Pablo Milanés con un
poema de Nicolás Guillén.
Nerviosa
y contenta, en cada corte La Orozco tenía el comentario perfecto, sarcástico
e irónico: "…aunque en verdad me siento nerviosa", lo que le
valía aplausos.
A Nadie y Pero Te Extraño,
de Liliana Felipe; Alma Mía, de
María Grever; Para Vivir, de
Pablo Milanés, Y el Amor, también
de Serrat.
Intermedio…
Orozco
recarga energía y agua, “en realidad es vodka” –dijo, que le daba
un Cupido (Abel) trajeado con un smoking y sus alas blancas y grandes. Y
aprovecha para cambiar a su tercer y último vestido… Esta segunda parte
inició con la belleza del piano del Maestro Ritter que abrió con Preludio
para arpa o piano, Serenata melancólica y My Favorite Things, de
Richard Rodgers.
Aparece
La Megabizcocho, entallada y sexy, divertida de sí misma y feliz de estar
ahí. Dispuesta a todo y más que nada a mostrar su capacidad vocal A Chloris y Morguen, ésta
última le valió para divertirse nuevamente con su público y caminar
como si fuera un pato.
La
entrega está por terminar. Entusiasmados, felices todos, amorosos al
final. Y una nueva versión de mezclar dos canciones en una que le quedó
realmente espectacular: Ternura,
de Mario Ruiz Armengol; Hasta Que
Vuelvas, de Mario Arturo Ramos; Te
Extraño y No Sé Tú, de
Armando Manzanero; Tómame o Déjame,
Eres Tú y Perfidia, de
Alberto Domínguez.
Pero
eso no fue todo. A manera de encore, un pilón fenomenal, y una forma de
agradecer a cada uno de los amorosos presentes fue responder al coro de
“Otra, otra”. Regina Orozco no se hizo mucho del rogar y cantó tres
temas más, con la colaboración de cinco músicos: Vladimir Curiel, Alan
Durbecq, Omar Guevara, Roberto Medrano y Valeria Thierry.
La
entrega terminó. Mis emociones a flor de piel, mi corazón en explosión
y sin parabras que puedan expresar esto que se llama Amor:
Feliz
día de los Amorosos, enamorado y más… Amensé hoy y cada instante de
sus vidas…
Saludos,
mi querido Diario.
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