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SALTILLO, 26/09/2011 (
Texto ©
Alejandro Esparza Farías y Espinosa** / Enkidu Magazine):
Lapidarias
fueron las palabras que mis lentos ojos leyeron a mis impávidos oídos.
El arte se pone de luto en mi laberinto y la añoranza de un mundo mejor
se difumina en la escala del miedo mayor ante la disonancia estrafalaria
de la presunción anti-cromática del absolutismo. Pensar que en Saltillo
no hay nada, a estas alturas del Siglo XXI, nada, me amedrenta. Solo hay
lo que algunos dicen que hay, solo sirve lo que aquellos dicen que
sirve, y solo existo porque a lo mejor mi vista ilusionada se equivoca
al verme ante el espejo. Generaciones modernas que traslapan la historia
en la desgastada antagonía, en todas las disciplinas del arte habita el
defenestro como propuesta ética: el arte soy yo, se convierte en
la declaración personal de cada ente difuso de los panoramas. Frente a
cada uno, entonces, habita la nada. Ciegos, sordos, mudos, nuestra piel
hecha cenizas. El silencio gravita en el interludio y a cada cual lo
dialogante del arte le vino flojo. Suponer que en Saltillo seguro no
existen músicos profesionales le costó a quien profirió la aseveración
el re estampado de su título concedido por la Escuela Superior de Música
de la Universidad Autónoma de Coahuila, de la cual leo en su reseña
histórica “…el nueve de
septiembre de 1985 se da inicio a las clases teniendo una matrícula
oficial de 181 alumnos…”
El asunto de la
profesionalización en las artes es un tema que a todos los involucrados
indiscutiblemente interesa, pues se viven épocas en las que el
conocimiento y aplicación de las técnicas, metodologías y tendencias
deben sustentar el trabajo intuitivo, no porque una cosa sea mejor que
la otra, sino porque teoría y práctica, en el arte, como en casi
cualquier otra manifestación, van de la mano y se congenian para lograr
apostolados: suponer que el arte obedece sólo a cuestiones de
mercantilización y pragmatismo social efectista nos está costando además
identidad. Costo excesivo ante la incidencia de la vanagloria que por
otra parte estigmatiza a las vocaciones, logrando que éstas se pierdan
en la inoperancia de un mundo que por otro lado se preocupa demasiado
por la elaboración de críticas y denuestos a diestra y siniestra,
respecto a los cuales cualquier intento por hacer se acota en la
pulverización de las intenciones.
Como patrimonio de la
humanidad el arte de la música ejerce un dominio transformativo en el
individuo, transformación sublimante a través de una catarsis que le
lleva a la transformación invariable de su contexto, y le define. No
importa cuál sea su género o estilo, la música llega a la conciencia de
una colectividad y re estructura sus enunciados más o menos a partir de
amoldamientos conductuales que le sobreviven en la antonomasia: la
particularidad de cada ente se nota reconfigurada a la par de que
acondiciona entonces el destino del signo musical que es esencia más que
forma y a través de su contenido re adecua a fortiori la
recepción que no se traslapa en su composición, sino que concluye en
comunión generando un binomio estructural (a)individuo-(b)espíritu-(c)colectividad
(a=b b=c. por tanto a=c c=b).
En diversos países la
educación artística forma parte de un programa de rescate de su
sociedad, como el ejemplo que vive y pone Venezuela a través de su
Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles, -creado por José Antonio
Abreu- hacia las cuales reclutan a niños y niñas desde los 2 años de
edad y los convierten en músicos que parecen ángeles,
-parafraseando a Plácido Domingo- sin importar para esto, su estrato
socio económico. Evidentemente y el primer ejemplo más allá de lo
pedagógico, es que están siendo incluyentes.
Inquieto entonces por las
novedades vertidas por un músico nuestro en torno al tema de la ausencia
de profesionales de la música en la capital de Coahuila y en todo
Coahuila, platiqué con dos versados en el tema:
A.E.-
¿Si hay músicos profesionales en Saltillo? …
César Salas
(Chelista de Saltillo).- “Si hay. Claro que los hay, y tenemos la
oportunidad de encontrar una identidad propia como músicos. Yo estoy
tratando de hacer escuela con la música, doy clases, me disciplino.
Todos tenemos derecho a corregir nuestras fallas y hay que impulsar a
las nuevas generaciones. En la Orquesta Filarmónica de Saltillo, no le
dan continuidad ni siquiera a los proyectos que uno les presenta, yo les
hice una propuesta que había sido apoyada por el fondo estatal para la
cultura y las artes. La idea era trabajar como solista sobre un
concierto en si menor de Anton Dvórak, y la idea era que este concierto
para chelo y orquesta lo pudiéramos montar con la O.F.S., pero su
director (Marco Natanael Espinoza) hasta la fecha, después de más
de dos años, lo único que me ha dicho es que no hay dinero, como si yo
se lo estuviera cobrando. No estoy en ellos para saber qué es lo que
piensan, pero lo que sí te puedo decir es que con su mentalidad y
actitud, lo único que están logrando es hacerle creer a los demás que la
gente en Saltillo no sabemos hacer las cosas. Eso no está bien. Aunque
no nos quita el sueño, pero sí es importante aclarar que en primer lugar
esa orquesta no está conformada en su totalidad por músicos saltillenses
y lo único que podemos exigir es que sean responsables con sus
declaraciones hacia el público. Siempre ha existido un ambiente musical,
con auge en determinados momentos. Los músicos egresados de la Escuela
Superior de Música, sin embargo, estamos constantemente trabajando y
aprendiendo, tratando de generar un ambiente un movimiento más amplio”.
Raymundo Mendoza
(Músico de Saltillo).-
“Jajajajaja, ah que Natanael!!!. La situación de Saltillo es
complicada para conformar una sinfónica, al igual que en todo el país,
existen músicos profesionales en Saltillo, por supuesto, pero no existen
músicos para cubrir una Orquesta Sinfónica, si bien muchos de los
músicos que hay en Saltillo podrían formar parte de una.
El Problema de crear una
Sinfónica yo lo expuse en el FORO CIUDADANO DE CULTURA 2011, una
Orquesta Sinfónica, formal, gasta más de 2 millones de pesos mensuales
en nómina, si la Orquesta de Natanael es formal, ese será
aproximadamente su gasto y tendrá que traer en maderas, metales,
percusiones y muchas cuerdas de fuera de la ciudad, como hasta ahora lo
ha hecho, que vienen los músicos de la Camerata de Coahuila y de la
Sinfónica de Nuevo León. Este gasto no se realizará en elementos
Coahuilenses, ¿porqué? porque no hay fagotistas, no hay clarinetistas,
no hay cornistas, no hay muchos elementos que requieres para una
Sinfónica en Saltillo. Eso es lo que primero nos debería preocupar si
queremos hacer un proyecto integral y sostenible en Coahuila. Pero esto
pocas veces ha sucedido en lo público y en lo privado.
El Problema es muy complejo,
pero Natanael se ha esforzado por su proyecto, por sus creencias e
ideologías estéticas. Si están bien o no, a mi no me corresponde
decirlo, como a él no le corresponde decir si hay músicos profesionales
o no en Coahuila o Saltillo, porque el es un músico en formación, no un
maestro consagrado, al igual que muchos de nosotros, que estamos
haciendo cosas por la vida cultural de esta ciudad y este Estado, y
ahora es el tiempo de construir 1.- para los Coahuilenses o 2.- para
nuestros intereses. A la historia es quién le toca juzgar.
El gran Problema es la
postura de la Escuela Superior de Música, quién debiera ser la principal
interesada en que exista una Orquesta Profesional en Coahuila por y para
Coahuilenses.
Aquí también cabe la SEP que
no le ha interesado el desarrollo de proyectos serios, integrales y
sostenibles”.
Las dos conversaciones
tienen en sí mismas el reflejo de inquietudes que vale la pena ponderar
sobre el ejercicio de crear, promover y producir. Yo, atónito sin
embargo, deambulo aferrado a la incógnita de suponer que lo que sucede
es que no nos toleramos en lo absoluto pues navegamos en el resquicio de
la competencia camuflándonos en democráticos: incoherencia evidente de
un destacado de la música como lo es Marco Natanael que pretende
entonces ¿qué cosa?, pues según consulto el término Filarmónica se
empezó a utilizar porque sus integrantes son amantes de la música no
necesariamente profesionales. Esto me lleva desde luego a meditar en
torno al fenómeno y observo que tal vez quiso decir en esta
filarmónica en particular no hay profesionales, o, estamos en
esta filarmónica en vías de profesionalizarnos y cuando integremos más
músicos de aquí de Coahuila lo lograremos sin variación en el tema.
Pero no, dijo e insistió; en Saltillo no hay, en Coahuila menos (sic).
* Alejandro Esparza Farías y Espinosa -
Actor y dramaturgo coahuilense.
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