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Mañana
tal vez tenga más suerte
Este
día me fue muy mal. Todo asemejaba estar preestablecido y destinado a
mi fracaso. Primero el despertador no funcionó. Yo desperté quince
minutos antes de mi hora regular de salida de la casa. El tráfico
estuvo atroz y por lo tanto llegué treinta y un minutos después de la
hora de entrada. Por más que le rogué a Ceci, la muchacha de la
entrada y le dije que no volvería a pasar ella se limitó a decirme que
lo único que podía hacer era decirle al jefe que el reloj de la
entrada estaba adelantado un minuto, pero no podía violar la confianza
de la compañía o algo así. Supongo que el sistema de seguridad que
acaban de instalar también tiene micrófonos, de forma que todo lo que
Ceci dice es grabado y seguramente puede usarse en su contra.
Bueno,
mi jefe estaba enojadísimo porque ayer no había acabado de revisar
unos documentos y aún no llegaba. Después de saludarme: “Los quiero
en mi escritorio en una hora”, dio la media vuelta y se fue. Yo intenté
acabar y entonces, al imprimir, se atoró el papel y ser regó el tonner.
Fue increíble porque tuve que llamarle al técnico y el jefe me vio
como si yo fuera culpable por todo.
Finalmente
tuve que enviarle el documento via e-mail para que él lo imprimiera.
Salí
a comer y el restaurante estaba llenísimo. José, el mesero que me
atiende desde hace años, pareció no recordarme. Por más que le sonreí
y le hice señas con la mano, él jamás me vió. Fue horrible. Comí en
veinte minutos porque no podía llegar tarde. Al cruzar la avenida un
automovilista me aventó el coche y luego ya fue demasiado cuando intenté
abrir la puerta de entrada de empleados y estaba cerrada. Tuve que ir a
la entrada general y explicar y llenar una forma y entonces llegué
cinco minutos después de la hora. Mi jefe no dijo nada, pues acababa de
dejar más papeles en mi escritorio.
Sonó
el celular y era Heberto cancelando nuestra cita en la noche. Mi jefe
pasó y supongo que él también se sintió aliviado porque no tuve
tiempo de recibir una explicación.
Todo
fue caos y apenas es lunes. Sólo espero que esta maldición no me
alcance hasta el viernes, porque entonces tengo una cita con el dentista
y no quisiera ir con este nivel de estrés, pues de verdad que hoy día
me fue muy mal.
Lo
bueno de un día como estos es que puedes llegar a tu casa, apagar las
luces, sacar del refrigerador los hielos, tomar una botella de tequila y
olvidarte del mundo... Bueno, en un mundo ideal, porque los niños hacen
mucho ruido. Todos tienen tarea que enseñarme y Mariana no para de
quejarse porque los precios en el mercado son cada vez más imposibles
de sostener, se queja del gobierno, se queja de los niños, se queja de
que yo no me quejo lo suficiente. Se queja por todo. Y yo no mejor ya ni
me quejo.
Pero
eso sí, al rato, en la cama, va a querer tener relaciones. Jamás creí
que a cinco años de casarnos engordara tanto, ya no es la misma, todo
le cuelga y su cintura así como su sonrisa angelical es prehistoria. Mañana
será otro día y tal vez mañana sí tenga mejor suerte...
México
D. F. a 28 de Marzo de 2003.
© Agustín Villalpando Sánchez / ENKIDU.
[ document info ]
Copyright ©
2003
Document created 01.04.2003, 14:17:02 CET
Published 01.04.2003
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Mañana
tal vez tenga más suerte
Este
día me fue muy mal. Todo asemejaba estar preestablecido y destinado a
mi fracaso. Primero el despertador no funcionó. Yo desperté quince
minutos antes de mi hora regular de salida de la casa. El tráfico
estuvo atroz y por lo tanto llegué treinta y un minutos después de la
hora de entrada. Por más que le rogué a Ceci, la muchacha de la
entrada y le dije que no volvería a pasar ella se limitó a decirme que
lo único que podía hacer era decirle al jefe que el reloj de la
entrada estaba adelantado un minuto, pero no podía violar la confianza
de la compañía o algo así. Supongo que el sistema de seguridad que
acaban de instalar también tiene micrófonos, de forma que todo lo que
Ceci dice es grabado y seguramente puede usarse en su contra.
Bueno,
mi jefe estaba enojadísimo porque ayer no había acabado de revisar
unos documentos y aún no llegaba. Después de saludarme: “Los quiero
en mi escritorio en una hora”, dio la media vuelta y se fue. Yo intenté
acabar y entonces, al imprimir, se atoró el papel y ser regó el tonner.
Fue increíble porque tuve que llamarle al técnico y el jefe me vio
como si yo fuera culpable por todo.
Finalmente
tuve que enviarle el documento via e-mail para que él lo imprimiera.
Salí
a comer y el restaurante estaba llenísimo. José, el mesero que me
atiende desde hace años, pareció no recordarme. Por más que le sonreí
y le hice señas con la mano, él jamás me vió. Fue horrible. Comí en
veinte minutos porque no podía llegar tarde. Al cruzar la avenida un
automovilista me aventó el coche y luego ya fue demasiado cuando intenté
abrir la puerta de entrada de empleados y estaba cerrada. Tuve que ir a
la entrada general y explicar y llenar una forma y entonces llegué
cinco minutos después de la hora. Mi jefe no dijo nada, pues acababa de
dejar más papeles en mi escritorio.
Sonó
el celular y era Heberto cancelando nuestra cita en la noche. Mi jefe
pasó y supongo que él también se sintió aliviado porque no tuve
tiempo de recibir una explicación.
Todo
fue caos y apenas es lunes. Sólo espero que esta maldición no me
alcance hasta el viernes, porque entonces tengo una cita con el dentista
y no quisiera ir con este nivel de estrés, pues de verdad que hoy día
me fue muy mal.
Lo
bueno de un día como estos es que puedes llegar a tu casa, apagar las
luces, sacar del refrigerador los hielos, tomar una botella de tequila y
olvidarte del mundo... Bueno, en un mundo ideal, porque los niños hacen
mucho ruido. Todos tienen tarea que enseñarme y Mariana no para de
quejarse porque los precios en el mercado son cada vez más imposibles
de sostener, se queja del gobierno, se queja de los niños, se queja de
que yo no me quejo lo suficiente. Se queja por todo. Y yo no mejor ya ni
me quejo.
Pero
eso sí, al rato, en la cama, va a querer tener relaciones. Jamás creí
que a cinco años de casarnos engordara tanto, ya no es la misma, todo
le cuelga y su cintura así como su sonrisa angelical es prehistoria. Mañana
será otro día y tal vez mañana sí tenga mejor suerte...
México
D. F. a 28 de Marzo de 2003.
© Agustín Villalpando Sánchez / ENKIDU.
[ document info ]
Copyright ©
2003
Document created 01.04.2003, 14:17:02 CET
Published 01.04.2003
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