| |
Desde que Xavier me confió el
privilegio de hacer esta presentación de su libro tuve la tentación y
las ganas de hacerlo con humor, divertirnos con gracia e inteligencia a
partir del hermoso banquete de conocimientos
y reflexiones al que nos invita su libro. Pero, por mas vueltas
que le di, no pude, me topé una y otra vez con que los homosexuales
son, pueden ser, gay, gayos, como nos lo recuerda Xavier chisporroteando, pero
la homosexualidad es una cosa muy seria......, por lo tanto...
Notas sobre un devenir
silenciado; o una historia sociocultural
de la homosexualidad; o
miradas históricas a uno de los apartados mas obscuros del patriarcado;
o lo genésico y el poder falocéntrico; u otra versión de “lo que
nos amenaza o no nos conviene es malo, es loco o no existe”; o, Xabier
nos lleva, veraz y cuidadosamente a un viaje, a recorer una historia de
variaciones sobre un mismo tema de horror, da capo al fine ,
mismo tema de odio ejecutado pianísimo, forte,
a una o varias voces, contrapunteado, con varios finalle
fortísimo por toda la compañía.
He llegado extenuada al final del
viaje del libro que, con todo y todo, no termina tan, tan mal, sino con
algunos destellos de esperanza que habrá que ponderar muy bien para no
cantar victoria y correr el riesgo de tirar la tohalla y caernos
sentados.
Como heterosexual confesa y
reincidente, que desde ahí disfruta cómodamente de placeres,
afinidades, complicidades y fusiones homofílicas, confieso también
que llegué al final del viaje con vergüenza, miedo, furia y
cierto hastío de este sapiens-demens que se sigue negando a aprender.
También desde ahí revivieron
con vigor y vigencia las páginas expuestas, emocionantes e inteligentes
con que José Ramón
Enriquez prologa el libro. No hace falta ser homosexual para poder, como
él, decir que Xavier habla de mí en persona,
puedo decir que habla de partes mías, de mis pensamientos y de
algunas de mis vivencias de sexo y de género. Y también
habla por mí.
Uno de los aciertos fundamentales
de lo que Xavier escribe es la desmistificación de la regla que dice
que lo que no se nombra no existe y que lleva a ingenuos y
malinteresados a suponer que la homosexualidad es un producto
relativamente reciente, posiblemente contagioso, de los desenfrenos, de
los resquebrajamientos del orden familiar, del ablandamiento de los
hombres irresponsables y
la masculinización de las mujeres que trabajamos, pensamos y
deambulamos fuera y dentro de casa; mismos malconocedores interesados
que suponen que los “pocos
homosexuales que a lo largo de la historia han sido”, eran
viciosos, sacrílegos o, en el mejor de los casos, pobres
dementes.
Castigar, condenar y ejecutar públicamente,
vituperar, tachar, reprimir, disimular sistemáticamente a determinadas
personas que practican determinadas conductas no parece ser una forma
inocente o descuidada de cometer errores.
De la mano de esta claridad va la
renuncia de Xabier a dejarse seducir por la tentación de encontrar
“la explicación”, simple o compleja a la realidad viviente de la
homosexualidad, lo cual le
permite adentrarse sin rodeos en la carne viva de su existencia histórica.
No son
necesarios los recursos esencialistas, ni las Edades de Oro soñadas,
ni los sustentos pseudocientíficos para advertir o explicar la
inequidad, el confinamiento y el odio que la larga y vieja mano del
patriarcado ha inyectado con su jeringuilla ideológica en el maleable y
obcecado cuerpo de la humanidad respecto de la homosexualidad. Ella es,
por supuesto y junto con la masturbación, una de las manifestaciones de
la sexualidad que escapa a las cuadraturas propiciadas y benditas de la
única sexualidad cuyo fin es la reproducción. Por lo tanto este escape
necesariamente transgrede las normas morales, civiles y religiosas de
las instituciones socio-culturales que necesitan y han necesitado
controlar la sexualidad in toto para
así ejercer su poder e imponer su orden. Toda forma de sodomía:
hombre con hombre, hombre con animal, hombre con mujer, es
necesariamente infértil y está claro que no se puede dejar en manos
(con o sin albur) de los usuarios la administración de un recurso
natural tan precioso como la sexualidad ya que de ella depende la
reproducción. La
homosexualidad femenina, por supuesto, o no existe o es uno de esos
juegos maliciosos, a los que tan dadas son ellas, que hay que reprimir.
Xavier, que también es un
experto en el Gran Tema del comportamiento, nos muestra cómo, en
determinados momentos de la historia, el énfasis punitivo ha estado
cargado sobre las conductas homosexuales, la naturaleza del acto, más que
en el carácter o la personalidad de los individuos que lo realizaban.
Siguiéndolo en su viaje podemos ver que lo que ocurrió en Occidente a
fines del siglo XIX no fue que los científicos de
la época inventaron al homosexual o a la lesbiana sino que intentaron traducir a, o nombrar en su propio lenguaje
patologizador típico, algunas realidades preexistentes, así como
ciertos cambios o visibilidades que estaban ocurriendo frente a sus
ojos.
En suma, cada uno de los momentos
históricos que Xavier describe e
interpreta confirman e ilustran la sencilla y acertada expresión de J.
Weeks: “La forma como marcha el sexo es un indicador de cómo marcha
la sociedad.”
Hacia el final del libro, y ya en
la candente contemporaneidad Xavier dice: “..., en México fue posible
observar un fenómeno: las homosexualidades del orden (a pesar de ser
subversivas de por sí) buscan el perdón, la tolerancia, la
supervivencia clandestina, mientras que las gayacidades persiguen una
calidad de vida, antes que una cantidad.” Esta frase me resultó muy
esclarecedora y útil para comprender algunas de las divisiones
internas, fracasos parciales, abandonos o desmayos de los grupos
homosexuales en sus luchas y proyectos. También quiero decir lo
estimulante y emocionante que me resultó la forma en que él, en esta
contemporaneidad mexicana, se coloca en primera persona, como
investigador y como sujeto actuante de los éxitos, fracasos, acuerdos y
desentendimientos del mismo proceso que nos narra.
Volviendo a la frase que diferencía
lo que él llama las homosexualidades de las gayacidades, me queda claro
que esa diferencia, mucho más allá de un matiz o de un mero énfasis
marca cualidades fundamentalmente diferentes de posicionamiento . Y
también que éstas no sólo tienen que ver con la homosexualidad en
particular sino que se
ligan con la sexualidad en todas sus manifestaciones y por tanto, o como
consecuencia, con la vida, también en todas sus manifestaciones.
Esto, inevitablemente lleva a
reavivar la noción (que puede desdibujarse peligrosamente) de que la
homosexualidad es Otra sexualidad, sólo si se la piensa desde el cetro,
la norma, el paradigma de la heterosexualidad; por cierto es
imprescindible pensarla desde ahí. Pero simultáneamente es necesario
recordar que desde una mirada compleja, no centrípeta, la
homosexualidad es también una de las expresiones de la sexualidad, con
sus especificidades que la identifican y que comprende en sí múltiples
diferencias, pero que, a la vez, comparte casi todos los avatares de la
sexualidad en su conjunto, en
particular, la femenina .
El libro de Xavier también me ha
resultado un interesante libro “bisagra”. Quiero decir, a dos
puntas: una que informa, nutre, descubre
y otra que incita al descubrimiento, a la curiosidad, a la pregunta.
Conocer es, sin duda, necesario.
Pero lamentablemente estamos demasiado acostumbrados a conocer, o dar a
conocer (informar) en el sentido liso y chato de decir que algo existe,
de saber algo acerca de algo, como si esa porción fuera un conocimiento
suficiente y pertinente.
Ese tipo de conocimiento es un
paso importante ya que en él se apoya la necesaria “tolerancia”.
Pero la ambigua tolerancia promueve vidas paralelas, que es, sin duda,
mucho mejor que una única forma de vivir. Sin embargo éstas no son
precisamente convivencias y pueden disfrazar con indiferencia la
intolerancia y el des-conocimiento. Mantienen esa forma encubierta de
prejuicio y de xenofobia que todos conocemos (y tenemos) : “Pero si yo
soy el primer feminista”, “Uno de mis mejores amigos es judío ( o negro, o turco, o
salvadoreño).
Entonces hace falta agregar
comprensión. Por supuesto nada que tenga que ver con la comprensión
que emana de la “bondad”, la “caridad”, “la amplitud de
criterio”, “... al cabo también son seres humanos” (“como los
niños y las mujeres”). No me refiero a amar al buen prójimo, me
refiero a de verdad querer
saber : Quién es?, Qué le pasa?, Cómo siente?, Qué teme?, Cómo es que yo no siento igual?, Qué me pasaría a mí
si...?, Cómo es su deseo?, Porqué me molesta, o le molesto?, y otra, y
otras muchas preguntas más que ahora ni se me ocurren
Tal vez tanta curiosidad mía se
deba mi desmesurada (en términos de Xavier) curiosidad por las personas
y las cosas todas, a mi in curable pasión por la clínica, que entiendo
no tanto como estar al lado de la cama del enfermo para curarlo o
ayudarlo, sino como estar al lado de mi consultante para que generemos
información que nos permita conocerlo.
Desde ahí imagino qué bueno sería
romper el paralelismo homo-heterosexualidad, el desencuentro
hombre-mujer, cualquiera que sea su orientación sexo-erótica para,
manteniendo su disyunción, generar
una auténtica dialógica entre esas modalidades de estar y ser en el
mundo. Que fuera un diálogo curioso, tímido, torpe, desenfadado,
serio, disparatado, y muy,
muy gayo.!
México,D.F., Junio
2003
Una historia sociocultural de la homosexualidad
Notas sobre un devenir silenciado Xabier Lizárraga
Cruchaga Croma,
Editorial Paidós Mexicana, México, 2003
|
|