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Un vitral de nuestra historia: Entrevista a Bernard Schulz-Cruz en torno al cine gay mexicano

CIUDAD DE MEXICO, 05/07/08 (Antonio Marquet/Enkidu Magazine): Buenas tardes, Bernard: Espero que estés disfrutando tu estancia en México.... Como habíamos quedado, me permito formularte una serie de preguntas en torno a estas Imágenes gay en el cine mexicano: tres décadas de joterío (México, Fontamara, 2008) que acabas de publicar y has presentado con tanto éxito en una sabatina tarde lluviosa: espero que la fuerte ovación que recibiste de un público especializado, te anime a seguir explorando la cultura gay mexicana.

Antonio Marquet: Me gustaría que comentaras el termino “joterío” que aparece en el subtítulo de tu obra y el uso de “joto” en la obra...

Bernard Schulz-Cruz: Creo no ser el primero ni el último, ¿no? A lo mejor lo de joterío era un saludo a tu magnífico texto El crepúsculo de heterolandia. Mester de Jotería. Sin duda, el uso las palabras joterío” y “joto” se inscriben en la subversión del discurso de lo políticamente correcto. Me he sorprendido a veces cuando algunos gay me han criticado por usar una palabra que puede haber sido ofensiva en el milenio pasado. 

Creo que al rescatar términos que alguna vez degradaron a un grupo se empodera a éste último al apropiarse de la palabra que lo castigaba. Por otro lado, esto de los términos es complicado. Mira tú el uso de la palabra “gay”, que originalmente era un adjetivo que llegó a ser un sustantivo. Palabra del orgullo y que ya algunos reemplazan por “queer” por ser más incluyente y diferenciadora de la heteronormatividad. 

En todo caso, uso “joto”—como has visto en el libro—intercambiablemente con marica, maricón, loca, homosexual, raro, y gay. Es un juego semántico que intenta descentralizar y escapar a las definiciones. Por último, en el título del libro “joterío” suena más mexicano y se contrapone a la palabra “gay” de origen ya sabido.

AM: ¿Por qué tu revisión se focaliza “sólo” en 30 años, independientemente de que es un periodo largo....

BSC: Sí, es un período largo... pero no tan largo históricamente hablando. La investigación de tres décadas, de 1970 a 1999, es arbitraria si tú quieres, como en todos estos estudios; sin embargo, apunta a establecer un reconocimiento a un cine más osado que coincide con los movimientos de la lejana “gay liberation” y de las luchas por terminar con la discriminación. Además, hay una clara evolución de cómo se va acomodando el cuerpo joto en la pantalla, cuestión fundamental en mi investigación. El estudio de las imágenes gay en este período de alguna manera es paralelo a la apertura que se fue dando—y ganando—en términos de aceptación. Las películas anteriores a 1970 siguen siendo motivo de investigación en las universidades, pero son más o menos lo mismo: personajes débiles sin voz ni agencia. Fíjate que las posteriores al 2000 ya muestran grandes cambios (El cielo dividido, por ejemplo) donde las imágenes no buscan su acomodamiento sino que son y están, punto, sin necesidad de autojustificarse. Entonces mi libro se sitúa en el medio, en la encrucijada.

AM: Señalas una trayectoria simbólica muy larga, muy importante, muy firme que pone en evidencia lo difícil que ha sido luchar contra el supremachismo: se han necesitado tantas décadas para poder aparecer, “estar”, sin más, sin necesidad de justificaciones…           
Me gustaría que abordaras algunos detalles sobre el largo proceso que significó tanto ubicar estas cintas como ver estas 36 películas incluidas en tu libro Imágenes gay del cine mexicano...

BSC: Parto diciéndote que todo empezó hace más de veinticinco años cuando en Canadá vi Doña Herlinda y su hijo, y luego El lugar sin límites. Desde ese entonces me preocupé de este cine singular. Con el tiempo ya sumido en la vida académica pude investigar en México, en tres oportunidades; ver más películas en la Cineteca y en la Filmoteca, obtener otras en la calle, o que me consiguieran algunas nada menos que en Los Angeles. Por supuesto, capitales fueron las tesis de estudiantes de la UNAM y de la UAM aunque ellas enfatizaban en los estereotipos de los personajes homosexuales en el cine mexicano. El proceso significó ver cientos de cintas mexicanas, aparte de ver películas internacionales con tema gay. Importante también es haber leído The Celluloid Closet, de Vito Russo. Y claro seguir un poquito a Foucault, Buttler y compañía, sin dejarse tentar por forzar la teoría cultural en las imágenes que de alguna manera hablaban por sí mismas. Y como siempre, aparte de las instituciones, lo más importante fue la ayuda de amigos en la ciudad de México.

AM: Se dice rápido pero eso significa un esfuerzo, una disciplina y una tenacidad enormes.         
¿Qué películas quedaron fuera de tu libro?

BSC: Muchas más de las que aparecen en el libro. Definitivamente dejé fuera las películas de ficheras y otras que poco o nada aportaban al cosmos de imágenes gay que conversaban entre sí a través de los años.

AM: ¿Por qué tomaste esa decisión?

BSC: El cine de ficheras me parece elocuente en mostrar al menos homosexuales asumidos, una especie de seudo-destape, pero lo limitado de su función y lo repetible de ello en cada película (son casi todas iguales estas cintas) me llevó a descartarlo. Dejé fuera también comedias burdas y de mal gusto. Además quedaron fuera muchas películas como Tívoli (1974), La furia de un dios (1987), Miroslava (1993), y tantas otras, en donde la homosexualidad es apenas un esbozo y no hay profundidad en el personaje gay. Por último, La montaña sagrada (1972) que, a mi entender, es más un ejercicio fílmico estético y onírico que una preocupación por posicionar el cuerpo gay.

Pero todo es relativo. Alguien tal vez haya pensado que mi libro es sobre “cine gay” o un catálogo anotado de todas las ocurrencias gay en el cine mexicano. Insisto en que este trabajo es sobre la intertextualidad de estas imágenes, cómo se refieren unas a las otras, y cómo la pantalla las va acomodando de acuerdo a los momentos históricos que se iban dando.

AM: ¿Cómo fue el proceso de publicación de tu libro. Me interesan dos vertientes; por un lado ¿fue difícil encontrar una editorial que se entusiasmara por este proyecto? En segundo lugar, que hablaras sobre el proceso mismo de edición de este libro...

BSC: Sí, fue difícil encontrar una editorial. No sé si por el tema o porque no soy mexicano y no vivo acá. Tal vez fui un poco ingenuo. Como soy investigador, mandé el texto a varias editoriales universitarias... y no pasó nada, ni siquiera una carta o un email diciendo que lo habían recibido. También me contacté con algunas editoriales comerciales y pasó lo mismo. Finalmente, Fontamara se interesó en el proyecto. Ernesto Pérez me dio su respaldo de inmediato. En esta editorial trabajé con David Rincón como editor, lo cual me ayudó mucho ya que por ser yo chileno mi texto adolecía de palabras más acertadas para un lector mexicano. Pero yo soy un perfeccionista y debo haber vuelto locos a los de Fontamara con mis revisiones y exigencias.

AM: ¿Cuánto tiempo llevó el proceso de edición/publicación de Imágenes gay en el cine mexicano?

BSC: El proceso fue de casi un año.

AM: Haces gala de un gran sentido del tacto y discreción al no entrar en detalles. Sin duda apuntas a uno de los principales problemas de los estudios sobre la cultura gay: su difusión; la ausencia de empresarios que tomen el riesgo por difundir una trayectoria importantísima. Y a este respecto quiero preguntarte algo más; en torno al destinatario de la investigación sobre cultura gay. Tu libro es equilibrado en cuanto a ello: lo puede leer cualquier miembro de la comunidad LGBTTT interesado en la cultura, y el investigador académico. Dejando de lado nuestras afiliaciones institucionales, ¿para quién te gustaría escribir?, ¿quién tiene más interés en el asunto?, ¿a quién le “sirve” este enorme trabajo que se realiza?

BSC: Pues fue difícil tomar la decisión del destinatario, o hacía un libro pesado como ladrillo, recargado de explícito apoyo teórico para mis colegas académicos y los estudiantes universitarios, o lo dejaba livianito hasta transformarlo en una copia de las revistitas que semanalmente nos hablan de “cine”. Al final, opté por obviar lo obvio para un investigador, pero en dejar algún material serio para que un lector al que le guste el cine, gay o no, pudiera seguir mi discurso y entendiera de dónde venía mi trabajo. Esto creo que más o menos se cumple. En realidad yo preferiría abrirme al público en general y a la comunidad gay en particular. Das en el clavo con la pregunta sobre a quién le “sirve” mi trabajo, nuestro trabajo. Creo que la educación y la información que democratiza y abre nuevos horizontes es lo primordial. El avance de las investigaciones debiera interesar tanto a los universitarios como a los chicos que se toman una copa en un antro. Si logramos que los académicos y la comunidad dialoguen, aprendemos todos, y nos hacemos más fuertes.

AM: Totalmente de acuerdo: algún día habría que señalar las dificultades del investigador sobre cultura gay y su entorno: desde la dictaminación, el ámbito de las publicaciones universitarias quizá a veces lejano del público gay/heterosexual interesado en el tema… Tú salvas muy bien esos escollos y te das el lujo del humor. Hay algo que me parece muy divertido en el libro: los epígrafes tomados de los diálogos que colocas antes de la revisión de cada película... nos podrías comentar cómo decidiste abrir cada una de las películas por esa cita.

BSC: Yo mismo me divertí mucho con los epígrafes que de alguna manera encapsulan las películas a nivel del discurso. La misma idea está en las fotografías que acompañan el texto que pretenden entregar un resumen iconográfico. Pero estas citas van más allá del resumen, hiladas forman discursos en que nos (re)conocemos, que existen en nuestro imaginario, que nos hacen reír, que nos hieren, o que nos empoderan. Genial es el “Joto, sí, pero degenerado, no”, de la Manuela en El lugar sin límites... hay orgullo, búsqueda de identidad... pero también una necesidad de autojustificarse, de autonombrarse, pero que sin embargo sigue pidiendo disculpas al decir “yo no soy esto u lo otro”. Así el lector puede ver y juzgar por sí mismo a los personajes.

AM: Mencionas algo muy importante las fotos de las películas que no “ilustran” el libro, sino que forman parte importante del discurso y por lo tanto que son otro acierto. Imagino que representó un enorme esfuerzo conseguir fotos con una definición adecuada para el libro… me gustaría que hablaras de este proceso porque a veces el lector no tiene idea de lo que significa decidirse a incluir un acervo iconográfico en un libro

BSC: Exacto, las fotos conversan con los epígrafes y con el texto mismo. Afortunadamente la Cineteca y la Filmoteca cuentan con acervos fotográficos a disposición del investigador de varias películas. El mayor problema eso sí está en que muchas veces las fotos son dos o tres, y no las que buscabas, aquellas que son icónicas de ese cuerpo gay que se ve en el cine. También está la decisión que por razones técnicas y de presupuesto debes tomar; de ahí que me haya tenido que resignar a las imágenes en blanco y negro cuando en realidad determinada película era en colores. Pero, al mismo tiempo, si lo meditas, te das cuenta que hay una ventaja con el blanco y negro... se transforma todo en una especie de congelamiento temporal que te hace reflexionar sobre lo que estás mirando. El color tiene más movimiento, es más dinámico. Por último está el problema de estética, que es un poco más fácil si hay varias fotografías, y que se resuelve solo—muy a disgusto—si nada más tienes una imagen, que me ocurrió en un par de casos.

AM: Antes de concluir quisiera que comentaras qué significado tienen estas Imágenes gay en el cine mexicano personalmente.

BSC: Por mucha objetividad que queramos darle a un libro se nos reconoce en él... las señas de identidad aparecen. Cada cual ve el mundo según sus circunstancias. El cine chileno no tiene la riqueza de las imágenes gay en el cine mexicano. Me he metido en varias de estas películas y las he vivido personalmente, a nivel de espectador gay, sin ningún prejuicio académico. A nivel visceral el libro es una manera de ver mi propio crecimiento como persona, y como parte de un colectivo más grande y universal. Lo creas o no, en estas películas me vi reflejado, me vi de niño joto un poco perdido, de joven buscando explicaciones a mi existencia, y, por último, de adulto consciente de estar viviendo la más maravillosa de las experiencias no sólo sexualmente sino humanamente. Creo que como para muchas personas en México, estas imágenes son un vitral de nuestra historia.

Para concluir, quiero darles las gracias a ENKIDU y, especialmente, a ti por permitirme conversar sobre estas imágenes gay que de alguna manera cuentan parte de la historia del cine mexicano, y lo más importante, de nuestra historia.

AM: Gracias a ti Bernard por haber dedicado tanto tiempo (¡un cuarto de siglo!) para articular este punto de vista que abre horizontes a la investigación no sólo sobre el cine, sino sobre la cultura gay mexicana. Tu mirada tiene un plus: como chileno y como académico canadiense enriqueces nuestra visión y nos permites estar conscientes de las fuertes ondas que ha creado este cine diverso; una voluntad de expresar la diferencia.

Página de la conferencia: http://www.enkidumagazine.com/eventos/identities07/intro.htm

 

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