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¿Qué
hacer cuando alguien que atropellaste es tan guapo que podrías acabar
enamorado de él?
Se busca
marido en el Centro Cultural El Foco (Foro de la Comedia)
Ciudad de México, 31 de mayo de 2008 (Texto y fotos
© Agustin Villalpando / Enkidu Magazine): El pasado jueves 29 de mayo
tuvimos la oportunidad de participar de la primera función de la
temporada de Se busca marido
en el Centro Cultural El Foco (Tlacotalpan 16, Col. Roma Sur). Debo
confesar, amig@ lector@ que iba con un poco de escepticismo ante la
posibilidad de encontrarme con una farsa descabellada con el desnudo
integral masculino y/o femenino en un asunto relacionado con un anuncio
en el periódico de ocasión o en una revista del corazón.
Sin embargo, desde que entras a El Foco te reciben con
una sonrisa y un saludo. Eso es importante para generar un ambiente
agradable en este tipo de espacios culturales que son pequeños y donde
se agradece el detalle que le da personalidad a este espacio. Por cierto
que el teatro estuvo lleno, lleno.
Al recibir el comunicado de prensa leí que Se
busca marido es una “comedia ligera que aborda con humor los temas
de la soledad, las relaciones de pareja y de amistad”. También me
enteré que los tres actores involucrados tienen experiencia previa,
todavía no sabía si iba a disfrutar lo que estaba a punto de ver o no,
pero al menos Sebastían Ferrat, el Director, ha trabajo en televisión
y en la obra Las marionetas del
pene, de Carlos Pascual y Sabina Berman, nada más… por lo que me
dispuse a estar abierto a las posibilidades.
La anécdota es prometedora: Debido a un accidente,
Mauricio de la Casta Divina (Sebastián Ferrat), al conducir de regreso
del trabajo a su departamento choca con un hombre, al que acaba de ver.
Mauricio, profesionista y diseñador de ropa, decide recibir, alojar a
su accidentado para evitar contratiempos con las autoridades y porque,
nos enteramos después, ha perdido la memoria con el golpe. Mauricio es
independiente y está solo –incluso al principio sólo hay un vaso y
un plato en el comedor.
Oscuro. Ruido del accidente. Mauricio entra cargando a
un hombre que ha perdido el conocimiento, lo recuesta en el sofá.
Entonces invoca a Fidelia (Melina Yunnuen), su “pitonisa”, quien
llega para dar inicio, por así decirlo, a un decurso interpretativo
bien estructurado en forma de diálogo que se caracteriza por ser fluido,
generoso, ingenioso y, sin ser vulgar, es divertido.
Fidelia es una mujer medio loca que lee el futuro.
Desde hace 15 años ha acompañado a Mauricio en sus soledades y en sus
relaciones. De hecho, cuando él la conoció, ella le dijo que estaba a
punto de conocer a “su hombre perfecto”. Ahora son amigos,
confidentes y comparten prácticamente todo: Mauricio comenta: “Si yo
no soy feliz, ella tampoco”.
¿Qué hacer cuando alguien que atropellaste es tan
guapo que podrías acabar enamorado de él? ¿Cómo decirle sobre lo que
ocurrió? ¿Y si no es gay? Por otro lado, ¿hasta dónde puede la
amistad soportar que tú “vuelvas” a vivir experiencias pasadas?
Entre ellas el hecho de dejarte impresionar por alguien que acabas de
conocer y que te trató bien (“aunque sea el mesero”), luego el
emocionarte, enamorarte y al final darte cuenta que no es lo que
esperabas, o incluso, lo saben tus amigos, la posibilidad de que el
marido de fin de semana te acabe robando algo en la casa, la televisión,
el estéreo, etc. etc…
Con una textura sólida y constantes referencias a
hechos de la vida diaria, la trama sobrepasa lo gay (aunque al principio
de abuse un poco del hacer referencia en femenino) al llegar a un hecho
que muestra la complejidad de la experiencia humana: Se busca marido tiene el objetivo de divertir y lo logra con creces.
El tiempo se pasa volando y la atención del
respetable jamás aminora. La escenografía es minimalista y exacta: un
sillón, una mesa pequeña con dos botellas, un comedor para dos
personas. No hay alharaca estereotípica de “lo gay” con colores o música
estridente, sino sobriedad y, digamos, buen gusto. Se agradece el hecho
de que haya una sincronización exacta en cuanto a la entrada y salida
de la música con canciones bien escogidas, cuyas letras vienen
totalmente al caso. La presencia de las dos botellas de bebidas alcohólicas
–una botella de vino y una de vodka– subrayan la búsqueda constante
entre los personajes por compartir el paso por el tercer planeta.
La historia transcurre en la sala-comedor del
departamento, con salidas a la calle y a la recámara, cocina y baño.
El hombre sin pasado parece perfecto. Primero que nada ha perdido la
memoria y después se deja consentir tanto por Fidelia como por
Mauricio. Ellos le hacen, incluso, una ceremonia de “limpia”
espiritual para sacarle cualquier posible diablo [“chamuco” dice
Fidelia].
La actuación de Markin López-luquin es convincente.
Primero es un hombre inocente, desmemoriado, que decide llamarse
“Antonio” porque en la pared hay un cuadro, en blanco, con ese
nombre. Mauricio explica que es para la foto de su pareja. Luego, a
petición de éste, dejará que su anfitrión le llame “Antón”.
Antonio, pues, come, se baña, viste en su nuevo hogar.
Mientras Mauricio prepara la cena, Antonio se alista y si bien existe el
problema de que no sabe (no recuerda) si es gay o no, como no tiene
memoria, decide quedarse “esta noche” con Mauricio…
La noche es larga y a la mañana siguiente Antón/Antonio
ya le llama “pollito” a Mauricio. Luego viene un intermedio que tal
vez podría omitirse pero que, en este caso, permite estirar las piernas
y distraer al respetable hacia la recta final. Buen recurso.
Entonces presenciamos la impresionante capacidad
histriónica de Melina Yunnuen, quien hace hasta tres papeles en escena:
Fidelia, como ya mencionaba antes, la pitonisa, “chiquillilla”; además,
una mujer refinada que busca un departamento más pequeño porque vive
en uno “demasiado grande” y como la feliz pareja (Mauricio y “Antón”)
desean vivir juntos en un hogar más grande, entonces… al ver a
Antonio, la señora lo reconoce y le reclama por su separación. Le
grita y casi pega porque ella es la esposa de Eduardo, dueña de una
flotilla de microbuses [tipo de transporte público en Ciudad de México,
N/E] y entonces se expresa con un acento de las clases populares de la
Ciudad de México. Ella decide “recuperar” a “su” Eduardo, quien
andaba “de borracho de aquí para allá” y cuya cartera fue
encontrada y devuelta a la esposa, por la policía, ese mismo día (seguramente
no ocurrió en la Ciudad de México donde una cartera tirada en el piso
duraría menos de dos segundos, sobre todo donde acaba de ocurrir un
accidente en desaparecer y luego, si la policía la hubiese encontrado,
con tanta burocracia tal vez jamás habría sido devuelta a la esposa).
Anton/Antonio/Eduardo deberá decidir si deja a
Mauricio solo, llorando por él, ahogándose en alcohol o si deja a su
esposa.
El final, aunque un tanto anunciado, refleja
lamentablemente un poquito de nuestras realidades en la vida cotidiana,
de la gran urbe y, ante todo, de una gran cantidad de conciudadanos que
van del trabajo al departamento y de éste a bailar y de regreso. Sólo
la amistad, en este caso la de Mauricio y Fidelia, hace llevadera la
posibilidad de la vida y mantiene la esperanza de encontrar lo que se
busca. De este modo, sin decir el final, Se
busca marido se revela como una obra cómica verosímil que, estamos
seguros, destacará en 2008 por ser opera prima cómica de un autor
mexicano. Paréntesis para mí mismo: “¿Se busca marido se convertirá
en una tradición para el teatro de la ciudad como Pachecas a Belén que
en 2007-2008 cumplió `22 años emprendiendo el viaje’?”
Al terminar la obra pudimos conversar unos momentos
con los actores, en exclusiva para ti, amig@ lector@ de Enkidu Magazine:
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